La campaña de máxima presión de la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, contra Venezuela ha llegado a un punto de inflexión. La Guardia Costera de Estados Unidos está persiguiendo un tercer buque petrolero frente a las costas venezolanas, reforzando un bloqueo que busca asfixiar la economía del gobierno de Nicolás Maduro y aislarlo completamente. Las acciones escalan el riesgo de un enfrentamiento armado en el mar Caribe.
La escalada del bloqueo: tres incautaciones en diciembre
Las acciones de Estados Unidos contra buques petroleros que operan en las costas venezolanas se han intensificado significativamente durante diciembre de 2025. Estos operativos representan el intento más concertado hasta la fecha para cortar los vínculos financieros que sostienen al gobierno de Nicolás Maduro, al que Washington asegura está dirigido por un cartel de narcotráfico y que ha sido designado como organización terrorista extranjera.
Las incautaciones y persecuciones activas buscan golpear una economía ya maltrecha y limitar el acceso a divisas, un objetivo que, según Francisco Monaldi, experto en energía de la Universidad Rice, apunta a una caída en el volumen de exportaciones.
Los incidentes reportados a la fecha son:
- 10 de diciembre: Interceptación del superpetrolero Skipper. Este buque, sancionado por el Tesoro de Estados Unidos, navegaba con una falsa bandera de Guyana. Actualmente se encuentra en el puerto de Texas.
- Sábado (20 o 21 de diciembre): Abordaje del Centuries.
- Domingo (21 o 22 de diciembre): Persecución activa de un tercer buque, identificado por fuentes como Canopus Voyager o Bella 1.
Las maniobras marítimas pretenden dejar claro que todos los petroleros en aguas cercanas a Venezuela corren el riesgo de ser interceptados y decomisados. Rachel Ziemba, analista del Center for a New American Security, explicó que «transportar petróleo desde la Venezuela sancionada ahora parece ser suficiente para las violaciones».
El polémico caso del Centuries y la ilegalidad de la Casa Blanca
El abordaje al Centuries resultó particularmente polémico, ya que fue el primer buque no sancionado que fue objetivo de las fuerzas estadounidenses. La operación, ocurrida durante la madrugada del sábado, fue calificada por Caracas como un «robo y secuestro».
La Casa Blanca defendió la incursión, asegurando que fue legal. La portavoz adjunta Anna Kelly indicó que el petrolero «transportaba crudo de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) bajo sanciones» y lo describió como un «navío de falsa bandera que operaba como parte de la flota en la sombra venezolana para traficar energético robado y financiar el régimen narcoterrorista» de Maduro.
Detalles revelados sobre el Centuries:
- Tiene bandera panameña.
- Pertenece a un comerciante con base en China, especializado en el traslado de crudo hacia las refinerías del gigante asiático.
- Fuentes oficiales confirmaron a The New York Times que los guardacostas no tenían una orden de registro para entrar en el Centuries e investigar su carga, a diferencia del Skipper.
La persecución activa de buques apátridas
La Guardia Costera de Estados Unidos persiguió en aguas internacionales a otro buque petrolero el domingo, con la intención de interceptarlo cerca de Venezuela. Un funcionario estadounidense declaró a Reuters que se trataba de un «buque de la flota oscura sancionado, que forma parte de la evasión ilegal de sanciones de Venezuela», y que «está enarbolando una bandera falsa y bajo una orden judicial de incautación».
El grupo británico de gestión de riesgos Vanguard identificó uno de los buques perseguidos como el Canopus Voyager, un petrolero de gran tamaño añadido el año pasado a la lista de sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por vínculos con Irán. Aunque estaba vacío cuando se acercaba a Venezuela, el Canopus Voyager transportó petróleo venezolano a China en 2021, según documentos internos de PDVSA, y también transportó crudo iraní previamente.
Funcionarios bajo anonimato señalaron a The New York Times que, al acercarse las fuerzas estadounidenses a última hora del sábado, el Canopus Voyager «no enarbolaba una bandera nacional válida», lo que lo convierte en un buque apátrida susceptible de ser abordado en el mar según el derecho internacional. La solicitud de incautación, obtenida de un magistrado federal, se hizo debido a la participación previa del buque en el comercio de petróleo iraní. No obstante, la tripulación del barco no permitió el abordaje y continuó navegando, lo que fue catalogado por un segundo agente como una «persecución activa».
En otro reporte, Bloomberg informó que las fuerzas estadounidenses persiguieron el domingo al Bella 1, un petrolero sancionado por Estados Unidos, mientras se dirigía a Venezuela.
Caracas responde: ¿robo o defensa de la soberanía?
El gobierno de Venezuela condenó la incursión como un «robo» de sus activos y un «secuestro» acompañado de la «desaparición forzada de su tripulación, cometidos por efectivos militares de Estados Unidos en aguas internacionales».
El mandatario venezolano, Nicolás Maduro, ha calificado las recientes medidas de la administración Trump —que incluyen ataques mortales contra embarcaciones y la orden de Trump de bloquear petroleros— como un intento de apropiarse del petróleo venezolano e instalar un gobierno títere. En respuesta, Maduro ordenó a buques de la Armada bolivariana acompañar a algunos petroleros que salen de su país, lo que aumenta la posibilidad de un enfrentamiento armado en el mar.
A pesar de las sanciones, la vicepresidenta y ministra de Petróleo, Delcy Rodríguez, anunció el sábado que la producción petrolera del país alcanzó la meta gubernamental de 1.2 millones de barriles diarios, una recuperación notable luego de que la producción cayera a alrededor de 400,000 barriles diarios tras las sanciones de 2019.
En contraste con las incautaciones, la vicepresidenta Rodríguez también anunció que zarpó un buque de la petrolera estadounidense Chevron cargado con petróleo rumbo a Estados Unidos, destacando que la operación cumple «estrictamente con la legalidad nacional e internacional». Esta operación se realiza en cumplimiento de una exención otorgada en 2022 y revalidada este año.
El ajedrez geopolítico y la flota oscura
La escalada de las acciones estadounidenses representa una estrategia de «máxima presión» que, según Dany Bahar, investigador sénior del Center for Global Development, busca crear «una amenaza creíble que haga que esta estructura de poder colapse, o que altos mandos militares decidan enfrentarse a Maduro y digan: ‘Tienes que irte’».
La estrategia se basa en golpear la dependencia petrolera de Venezuela, pues la economía nacional depende de la exportación de crudo. La estatal PDVSA envía la mayor parte de sus cargamentos a China, utilizando la llamada flota oscura: «buques antiguos con propiedad opaca que transportan crudo sancionado desde Venezuela, así como desde Irán y Rusia».
La campaña de presión del presidente Donald Trump ha incluido:
- Un aumento de la presencia militar en la región, el mayor despliegue en décadas.
- Más de dos docenas de ataques militares contra buques en el océano Pacífico y el mar Caribe. El Pentágono acusó sin pruebas que transportaban drogas, con un saldo de al menos 100 personas asesinadas.
- El anuncio de un “bloqueo” a todos los petroleros bajo sanciones que entren y salgan de Venezuela.
Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group, señaló que Washington considera que su poder de negociación aumenta «con un mercado global más holgado y precios a la baja».
Reacción internacional
La campaña ha tenido eco diplomático.
- China criticó las maniobras de Estados Unidos como una violación del derecho internacional y dijo que apoyaría a Caracas en «la defensa de sus propios derechos e intereses legítimos».
- La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha expresado su oposición a la intervención extranjera en naciones soberanas.
- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió en la cumbre del Mercosur que un conflicto armado en Venezuela sentaría «un precedente peligroso para el mundo».
La línea entre la aplicación de sanciones y la violación de la soberanía en aguas internacionales se ha vuelto peligrosamente borrosa. Mientras Washington intensifica la presión y despliega su fuerza militar como palanca de cambio político, la respuesta de Nicolás Maduro de escoltar navalmente a sus buques coloca el tablero regional al borde de un enfrentamiento armado. El futuro de la vital industria petrolera venezolana pende de la tripulación de buques sancionados que navegan bajo la bandera de nadie.









