La llegada del USS Gerald R. Ford a aguas cercanas a América Latina ha marcado una escalada histórica en las tensiones. Este es el mayor despliegue militar de Estados Unidos en la región desde la invasión de Panamá en 1989. El Pentágono, bajo la nueva Operación Lanza del Sur, alega una ofensiva antidrogas. Sin embargo, analistas y expertos cuestionan el verdadero objetivo de esta acumulación de fuerzas y cómo la capacidad militar de Venezuela podría responder.
El hito de la escalada y la Operación Lanza del Sur
La presencia del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más moderno y grande del mundo, cerca de las costas venezolanas, es percibida como una escalada de la campaña militar impulsada por el presidente Donald Trump contra supuestos carteles de droga que operan en Venezuela.
Al igual que ocurrió con Manuel Antonio Noriega hace más de 30 años, Nicolás Maduro ha sido acusado de narcotráfico, aunque rechaza tales acusaciones. Ante la ambigüedad de Washington sobre sus intenciones, Caracas parece prepararse para un posible ataque.
El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, anunció un «despliegue masivo» de fuerzas terrestres, marítimas, aéreas, fluviales y de misiles, así como de milicias civiles en todo el país, para contrarrestar lo que considera una amenaza. Padrino López añadió, en un mensaje televisivo, que Maduro ordenó un despliegue de «casi 200.000» soldados como parte de la operación.
Oficialización de la campaña militar
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el jueves 13 o 14 de noviembre de 2025 el comienzo formal de la Operación Lanza del Sur. Hegseth, jefe del Pentágono, explicó en un mensaje en X: “El presidente Trump nos ordenó actuar, y el Departamento de Guerra está cumpliendo. Hoy anuncio la Operación Lanza del Sur”.
La operación, liderada por la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur y el Comando Sur, tiene el objetivo declarado de “defender nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente”. Estos movimientos se dan en el marco de ataques extrajudiciales que, desde principios de septiembre, han cobrado la vida de al menos 76 personas (según Infobae y DW) o 80 civiles (según El País) en 19 o 20 ataques contra embarcaciones sospechosas en el Pacífico y el mar Caribe.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Venezuela es «un régimen ilegítimo, básicamente una organización de narcotráfico que se ha adueñado del poder», pero insistió en que la acción es antidrogas: «Si dejan de enviar barcos con drogas, no habrá ningún problema”.
El poder de fuego flotante: el USS Gerald R. Ford
El portaaviones USS Gerald R. Ford, descrito por la Marina de Estados Unidos como la “plataforma de combate más capaz, versátil y letal del mundo”, se unió a los seis navíos que Estados Unidos ya posicionó en el Caribe y a otro en el Pacífico. Este despliegue suma más de 15.000 efectivos militares, la mayor acumulación militar estadounidense en la región en décadas, ordenado por Pete Hegseth para salir abruptamente del Mediterráneo oriental.
Detalles técnicos del superportaaviones
El USS Gerald R. Ford, que da nombre a su clase y sucede a la clase Nimitz (activa entre 1975 y 2010), honra a Gerald R. Ford, trigésimo octavo presidente de los Estados Unidos. Sus especificaciones incluyen:
- Capacidad y tamaño: Supera los 335 metros de largo, tiene capacidad para 4.500 tripulantes y 70 aviones.
- Propulsión: Opera con energía nuclear y reactores nucleares que suministran energía ininterrumpida a sus motores.
- Armamento y tecnología: Está equipado con un sistema pionero de catapulta de despegue electromagnético, radares avanzados, misiles de autodefensa ESSM y el sistema de armas de corto alcance CIWS.
- Coste y construcción: Su construcción, que comenzó en noviembre de 2009 y fue botado el 9 de noviembre de 2013, tuvo un coste cercano a los 13.000 millones de dólares. Entró en servicio el 22 de julio de 2017 en una ceremonia presidida por Donald Trump.
Durante las pruebas en 2021, el USS Gerald Ford soportó el impacto de tres explosiones submarinas conocidas como Pruebas de Choque a Nivel de Buque, confirmando su capacidad para resistir impactos severos.
El ejército venezolano: ¿una sombra de lo que fue?
La pregunta central que se plantea es si el ejército venezolano comandado por Nicolás Maduro podría resistir un ataque de la mayor potencia militar del mundo.
James Story, exembajador de la Unidad de Asuntos de Venezuela (adscrita a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá desde 2020 hasta 2023), afirma categóricamente que «el ejército es una sombra de lo que fue». Story cuestiona la aseveración de Maduro de que más de ocho millones de personas se han alistado para defender a Venezuela, señalando que «la cifra real es muchísimo menor» y que el ejército tiene una «alta tasa de deserción».
Según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Venezuela cuenta con 123.000 tropas activas, más 220.000 milicianos y 8.000 reservistas. Story asegura que los militares venezolanos no suelen entrenar ni realizar mantenimiento y que muchos integrantes de la milicia chavista ni siquiera están armados. Como fuerza de combate, «no son particularmente competentes».
Material militar avanzado, pero con dudas operacionales
Aunque el ejército estadounidense supera con creces al venezolano, Caracas cuenta en teoría con material militar avanzado, aunque su operatividad es incierta:
- Aeronaves: Cerca de 20 aviones Sukhoi, comprados a Rusia en 2006, que son «superiores a cualquier otro en la región y algunos todavía están operativos», según Story. También se adquirió más de una decena de F-16 estadounidenses en los años 1980, aunque Story cree que «uno o dos siguen funcionando».
- Drones y embarcaciones: Venezuela es el único país sudamericano con drones armados con capacidad de ataque. Los Antonio José de Sucre 100 y 200 (ANSU-100 y 200) son de fabricación venezolana y derivan de versiones modernizadas de drones iraníes. También ha recibido de Irán lanchas de ataque rápido Peykaap-III equipada con lanzadores de misiles antibuque.
- Defensa aérea: Maduro aseguró a finales de octubre que se habían puesto en «posiciones clave de defensa aérea» 5.000 misiles antiaéreos Igla-S de fabricación rusa. El diputado ruso Alexei Zhuravlev también indicó que sistemas de misiles tierra-aire Pantsir-S1 y Buk-M2E fueron transportados a Caracas recientemente.
Andrei Serbin Pont, analista internacional especializado en política exterior y defensa y presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES), subraya que «hay una gran discrepancia entre lo que Venezuela tiene en teoría y el material que en realidad está operacional».
La red que puede ser neutralizada «fácilmente»
En medio de reportes que sugieren ataques directos dentro de Venezuela, los sistemas de defensa antiaérea son clave. Serbin Pont afirma, sin embargo, que gran parte de la red puede ser «fácilmente neutralizada» con tecnología estadounidense, como los sistemas de misil superficie-aire Pechora de fabricación rusa que datan de los años 1960.
Venezuela también cuenta con sistemas de misiles Buk, desplegados alrededor de Caracas y que son más efectivos, pero Serbin Pont estima que tampoco sería particularmente difícil para Estados Unidos neutralizarlos. Además, su disponibilidad es muy baja debido a la falta de repuestos.
Respecto a los 5.000 misiles Igla-S, Serbin Pont confirma la cifra, pero precisa que «solo tiene unos 700 lanzadores Igla-S, lo cual sigue siendo una gran cantidad y algo que debería preocupar, porque en manos de grupos armados estatales podrían ser muy peligrosos. No necesariamente para las operaciones estadounidenses, sino para operaciones civiles o cualquier tipo de helicóptero o aeronave que vuele a baja altura».
La preparación para una «guerra prolongada»
Muchos analistas estiman que Maduro y su círculo se están preparando para luchar una guerra de guerrillas. Según Serbin Pont, la estrategia actual del gobierno de Maduro es sugerir que, tras un eventual ataque estadounidense, todas estas armas del ejército podrían acabar dispersadas entre la población venezolana. A algunos les preocupa particularmente que acaben en manos de grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o disidencias de las FARC. El objetivo sería amenazar con crear caos o inestabilidad para cualquier futuro gobierno de transición.
El ministro de Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, amenazó en septiembre que su país está preparado para una «guerra prolongada». Poco después, el gobierno de Maduro ordenó a soldados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) enseñar a la población de comunidades pobres a usar las armas.
El exembajador James Story descarta la posibilidad de que la gente en Venezuela se una a Maduro en una campaña como esa: «Maduro no es una figura muy querida ni entre los militares ni entre la población venezolana, y por eso no creo que la gente lo siga o lo apoye en una guerra de guerrillas». Story recalca que el presidente venezolano «¡Ni siquiera consiguió 4 millones de votos en las últimas elecciones!», aunque el Consejo Nacional Electoral, controlado por el gobierno, reportó que Nicolás Maduro recibió aproximadamente 6,4 millones de votos, cifra ampliamente cuestionada.
La doctrina militar de Venezuela
Pese a incrementar el tono bélico, el analista Andrei Serbin Pont afirma que el ejército venezolano no está preparado para un conflicto a gran escala. Explica que la FANB ha operado en los últimos 25 años bajo el concepto militar de «periodización de la guerra», que supone un conflicto progresivo en fases:
- Inestabilidad interna fomentada por injerencia extranjera.
- Conflicto entre pares (involucrando a un país vecino, como Colombia o Brasil, donde los sistemas de armas convencionales de Venezuela serían muy útiles).
- Intervención estadounidense.
- Fase de resistencia popular prolongada, donde las fuerzas armadas desmovilizadas y movimientos sociales se dispersarían con las armas para luchar una guerra de guerrillas.
Serbin Pont insiste en que, si bien la fase dos podría ser viable, para Estados Unidos las armas venezolanas no representan una verdadera amenaza.
El objetivo real: ¿Cambio de régimen?
Mientras la Casa Blanca insiste en la lucha contra el narcotráfico, numerosos expertos y el propio Nicolás Maduro consideran que el verdadero objetivo de la Operación Lanza del Sur es forzar un cambio de régimen en el país caribeño. El propio presidente Donald Trump fue ambivalente, asegurando que no tenía intención de ir a la guerra, pero al ser preguntado sobre si los días de Maduro estaban contados, respondió: «Yo diría que sí».
Trump ha sugerido ataques terrestres y ha recordado el lema «America First», indicando que el objetivo principal es yugular la llegada de drogas desde el Sur. Alexander B. Gray, director ejecutivo de American Global Strategies, considera que, a la vista de sus vínculos con China y Rusia, Venezuela forma parte de la gran competición entre potencias.
Douglas Farah, presidente de la consultoría IBI, experto en narcotráfico, señaló que, si se buscan objetivos para alterar la correlación de poder, Puerto Cabello podría ser una posibilidad, ya que es el puerto marítimo de mayor importancia en Venezuela y punto de tránsito de drogas. No obstante, advirtió que es difícil hallar objetivos importantes para bombardear que cambien significativamente el panorama.
Si lo que se busca es una transición pacífica, la general en retiro Laura J. Richardson, que se desempeñó como jefa del Comando Sur entre 2021 y 2024, considera que es esencial mantener un diálogo con las fuerzas armadas venezolanas. Elliott Abrams, exenviado especial para Venezuela (2019-2021), complementa esta visión, sugiriendo que la oposición debe asegurar al ejército que Venezuela necesita una fuerza militar y que sus integrantes «serán más felices» después de una transición, un mensaje que espera que la operación encubierta de la CIA esté llevando a cabo.
La confluencia del masivo despliegue del USS Gerald R. Ford y la formalización de la Operación Lanza del Sur confirman el inicio de una nueva y peligrosa fase de presión. Mientras Estados Unidos insiste en yugular el narcotráfico, la movilización de Venezuela de 200.000 efectivos y la amenaza de una «guerra de guerrillas» reafirman que, aunque desgastadas, las Fuerzas Armadas Bolivarianas representan un dilema complejo. El verdadero campo de batalla, más allá de las aguas del Caribe, reside en la voluntad de la cúpula militar venezolana.









