El telón de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Belém, Brasil, se cerró el 22 de noviembre de 2025 con un resultado agridulce. A pesar de la presión de más de 80 naciones y la intensa expectación, el acuerdo climático omite la creación de una hoja de ruta explícita para abandonar los combustibles fósiles, evidenciando las profundas fracturas entre casi 200 naciones.
El consenso del mínimo común denominador en Belém
El documento final de la COP30 fue adoptado por consenso entre casi 200 naciones tras dos semanas de intensas negociaciones. El texto, presentado por la presidencia brasileña, a cargo de André Correa do Lago, no incluye ninguna mención explícita a un calendario para dejar atrás el uso de gas, petróleo y carbón, el cual fue uno de los puntos más controvertidos de la cumbre.
En su lugar, el acuerdo llama a acelerar la acción climática “de manera voluntaria”. Esto refleja el compromiso mínimo que resultó de la fricción constante entre los países productores de petróleo y aquellos que exigen una mayor ambición en la lucha contra el cambio climático.
La resistencia de varias economías emergentes y de los países productores fue determinante en la redacción final del acuerdo. La ministra francesa de Transición Ecológica, Monique Barbut, resumió la situación al afirmar a la agencia AFP:
- “¿Quiénes son los que más bloquean? Todos los conocemos. Son los países productores de petróleo, por supuesto. Rusia, India, Arabia Saudita”.
- Barbut añadió que también se les unieron «muchos países emergentes”.
Este pulso repitió el enfrentamiento visto en Dubái durante la COP28 en 2023, donde por primera vez se acordó una salida progresiva del gas, el petróleo y el carbón. Sin embargo, en Belém, los países productores no cedieron un ápice, aprovechando que en las COP las decisiones se adoptan por consenso, lo que confiere a cada país un derecho de veto de facto.
La batalla por la ambición y la financiación climática
Mientras que Rusia, India y Arabia Saudita bloquearon cualquier referencia a la salida de los combustibles fósiles, más de 80 países, entre ellos Colombia, Francia, España, Holanda y Kenia, defendieron la necesidad de una hoja de ruta clara.
El comisario europeo para el Clima, Wopke Hoekstra, expresó su decepción antes de la aprobación del texto: “Nos hubiese gustado que hubiera mucho más, más ambición”. Francia calificó el acuerdo como “plano”, y otros países lamentaron la falta de avances sustanciales respecto a la COP28.
En el ámbito financiero, el acuerdo mantiene los compromisos alcanzados previamente en la COP29 de Bakú, e impulsa el triplicar el financiamiento de los fondos públicos, una de las principales demandas de las naciones emergentes.
El documento final subraya varios compromisos de financiación:
- Urge a los países desarrollados a mantenerse en el objetivo de aportar USD 300,000 millones anuales a las naciones emergentes.
- Se decide avanzar hacia un aumento de la financiación climática hasta USD 1.3 billones anuales para 2035, recurriendo tanto a fondos públicos como privados.
Además, el texto toma nota de la propuesta de la hoja de ruta Bakú-Belém, que sugiere nuevas fuentes de recaudación, como gravámenes al lujo, la tecnología y el material bélico, aunque sin establecer obligaciones concretas.
La defensa de Lula y el riesgo del umbral de 1.5 °C
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió el resultado de la cumbre, subrayando el valor del multilateralismo. “La ciencia prevaleció, el multilateralismo ganó”, declaró desde la cumbre del G20 en Johannesburgo. Lula, que alienta un flamante proyecto de exploración petrolera en Amazonía, había elevado las expectativas al inicio de la COP30 al proponer una hoja de ruta para la salida de las energías fósiles, lo que reactivó el debate entre los países más ambiciosos. El mandatario izquierdista había declarado al abrir la conferencia el 10 de noviembre que era “hora de infligir una nueva derrota a los negacionistas” del clima.
Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, estuvo presente durante la cumbre climática. El jefe negociador chino, Li Gao, consideró el acuerdo como “un éxito en una situación difícil” y destacó que “demuestra que la comunidad internacional desea mostrar solidaridad y realizar esfuerzos conjuntos”.
La «COP de la verdad», como la bautizó Lula, permitió constatar que el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1.5℃ respecto a los niveles preindustriales resulta cada vez más difícil de alcanzar. El acuerdo reafirma el compromiso con el Acuerdo de París, pero reconoce la dificultad. El planeta se aproxima a este umbral, tras haber registrado los once años más cálidos de su historia reciente.
El texto también subraya que las medidas climáticas no deben convertirse en barreras comerciales injustificadas. Entre las acciones recomendadas, se destaca la necesidad de conservar y restaurar los ecosistemas, así como detener y revertir la deforestación para 2030.
Incidentes en la Amazonía y la voz indígena
La COP30, la primera celebrada en la Amazonía, fue también un foro destacado para la sociedad civil. Decenas de miles de personas se manifestaron pacíficamente en las calles de Belém el 15 de noviembre.
La cumbre dio espacio a las comunidades indígenas, especialmente tras un incidente ampliamente difundido:
- Un grupo de autóctonos y activistas se enfrentó a los guardias de seguridad en la entrada de la COP30 para exigir ser escuchados.
- Las imágenes de este episodio circularon ampliamente, poniendo de relieve la demanda de mayor participación de los pueblos originarios en las decisiones climáticas.
El desarrollo de la cumbre también estuvo marcado por un serio incidente logístico: un incendio se declaró el jueves en la zona de pabellones nacionales, obligando a la evacuación de miles de participantes y paralizando temporalmente las negociaciones. Las causas del siniestro permanecen bajo investigación.
La COP30 de Belém evidenció las dificultades para avanzar hacia una acción climática más ambiciosa. La resistencia frontal de los países productores, quienes tienen un derecho de veto tácito en estos foros, impidió un progreso sustancial más allá de lo acordado previamente en Dubái. Si el planeta ya está registrando once años de temperaturas récord y el umbral de 1.5°C parece inalcanzable, ¿cuántas cumbres deberá presenciar el «círculo rojo» antes de que la supervivencia ecológica prevalezca sobre la economía extractiva?









