La Sierra Norte de Puebla, envuelta en neblina y cafetales, ha dejado atrás su postal idílica. Esta intrincada geografía, que abarca desde Veracruz a Hidalgo, se ha convertido en un brutal foco rojo de inseguridad. La disputa territorial entre células criminales, alimentada por la atomización del crimen organizado, amenaza la vida de las comunidades indígenas y paraliza el desarrollo económico regional.
De la belleza natural al control criminal
La región de la Sierra Norte de Puebla, con su compleja geografía que se extiende hasta los límites de Veracruz e Hidalgo, es hoy un territorio marcado por la violencia. Lejos de la imagen de paraíso natural, municipios como Huauchinango, Xicotepec de Juárez, Chignahuapan, Zacatlán y la zona de la “media sierra” experimentan una espiral de violencia.
Históricamente, la dispersión poblacional, la dificultad de acceso y la proximidad con estados clave como Veracruz e Hidalgo, la convirtieron en una ruta estratégica ideal para las operaciones ilícitas.
Fuentes de seguridad y análisis periodísticos identifican la presencia dominante de células de cárteles nacionales, cuya principal manifestación criminal es la disputa por controlar actividades lucrativas.
Los grupos delictivos se centran en:
- El hurto de hidrocarburos.
- El narcomenudeo.
- El trasiego de drogas.
La atomización de grandes estructuras criminales ha desencadenado pugnas internas por la hegemonía local, resultando en un incremento constante de los ajustes de cuentas. El modus operandi de la delincuencia organizada incluye ejecuciones directas y levantones (secuestros), actos perpetrados con extrema violencia en carreteras estatales y caminos rurales, utilizados para enviar mensajes a grupos rivales y a las autoridades.
La ruta de la muerte: 27 cuerpos en la México-Tuxpan
Un caso que resonó con fuerza durante 2024 y 2025 fue el hallazgo de al menos 27 cuerpos en la carretera federal México-Tuxpan, específicamente en las cercanías de Huauchinango y Xicotepec. Estos asesinatos fueron atribuidos a purgas internas relacionadas con el control de las plazas para el narcomenudeo y el trasiego de drogas sintéticas.
Huachicol y tala ilegal: los crímenes de alto impacto
El robo de hidrocarburos o huachicol es un crimen característico de la Sierra Norte, dada su cercanía con el poliducto Tuxpan-México. Huauchinango, Xicotepec, Pahuatlán y Tlacuilotepec son señalados como puntos de alta incidencia.
La operación del huachicol no es un delito menor; implica una logística compleja que requiere:
- Equipo pesado.
- Protección armada.
- Una red de distribución.
- La cooptación de autoridades.
La violencia asociada al huachicol se dirige tanto a grupos rivales como a la población civil que se opone a la operación delictiva, o que resulta víctima de tomas mal selladas y subsecuentes explosiones.
Reclutamiento y enfrentamientos armados
Fuentes consultadas por La Jornada de Oriente en la delegación de la Fiscalía General de la República (FGR) apuntan a que la delincuencia organizada recluta a jóvenes con promesas de altos ingresos, lo que ha generado una severa fractura en el tejido social. Adicionalmente, los grupos armados que resguardan las tomas clandestinas han desatado enfrentamientos directos con el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.
Tala ilegal, el apéndice ambiental
La tala ilegal, un delito de alto impacto y profundo daño ambiental, se ha disparado en la Sierra Norte, consolidándose como un lucrativo apéndice para los criminales organizados. La deforestación se ha incrementado significativamente en Zacatlán y Chignahuapan, demarcaciones que poseen extensos bosques de pino y oyamel.
Organizaciones ambientalistas y forestales de la región denuncian que los grupos delictivos extraen madera a escala industrial, utilizando equipo pesado y protección armada. Esta actividad no puede ser clasificada como criminalidad común, ya que requiere de una sofisticada cadena de valor que abarca:
- Transporte vigilado.
- Corrupción de inspectores.
- Blanqueo del producto.
Además de la devastación ecológica, la tala ilegal redunda en financiamiento directo para otras actividades ilícitas. Los riesgos para los defensores de bosques y comuneros que se oponen a estas prácticas han aumentado, y las amenazas directas y agresiones obligan a las comunidades a guardar silencio.
La debilidad institucional y la crisis en el ciudadano
Paralelamente a la operación del crimen organizado, la criminalidad común se intensifica, lo que refleja el deterioro económico y la falta de oportunidades. Este fenómeno impacta directamente al ciudadano de a pie, al convertir las cabeceras municipales en sitios inseguros.
El robo a transeúnte y el robo vehicular han elevado la percepción de inseguridad. Las carreteras y los accesos a ciudades como Xicotepec y Huauchinango son puntos recurrentes para el robo de vehículos con violencia, a menudo destinados al desmantelamiento o al uso en actividades delictivas mayores.
Empresarios de Zacatlán y Chignahuapan denuncian constantemente llamadas de extorsión y amenazas exigiendo el pago de cuotas.
Esta crisis se ve agravada por la percepción de debilidad institucional y la falta de confianza en los cuerpos de seguridad locales. Operativos federales y detenciones han expuesto vínculos entre policías municipales y huachicoleros o narcomenudistas, un factor que obstaculiza la denuncia ciudadana y profundiza el ciclo de impunidad en la Sierra Norte.
La crisis que atraviesa la Sierra Norte de Puebla es la suma de la desesperanza social, la ambición territorial del crimen organizado y la porosidad institucional. La violencia por el control de las plazas, el huachicol y la tala clandestina demuestran cómo un ecosistema de alta riqueza natural se convierte en un territorio de guerra económica, sirviendo de espejo a lo que sucede cuando el Estado pierde el monopolio de la fuerza. ¿Qué costo real pagarán las comunidades indígenas y los ecosistemas por esta inacción prolongada?









