Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos y ciudadano estadounidense de 37 años, fue abatido a tiros por agentes federales de inmigración (ICE) en Mineápolis durante una protesta contra las redadas migratorias. Este evento ha escalado la tensión social, pues la versión oficial de la administración Trump, que alega «disparos defensivos» ante un hombre armado, se ha desmoronado rápidamente al circular videos que documentan el forcejeo.
Los reportes indican que Pretti, sin antecedentes penales y con licencia legal para portar armas, fue atacado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mientras defendía a una manifestante y grababa la escena con su celular. Las grabaciones que circulan en plataformas como X y TikTok muestran que el ciudadano fue desarmado antes de que se produjeran al menos diez detonaciones, poniendo en duda las justificaciones del gobierno federal.
¿Quién fue Alex Pretti, el enfermero asesinado en Mineápolis?
Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, era originario de Illinois y residía en el sur de Mineápolis. Su perfil era el de un profesional de la salud dedicado: trabajaba como enfermero de cuidados intensivos en un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos.
Sus familiares, que viven en Wisconsin, describieron a Pretti como una persona que se preocupaba profundamente por los demás. Michael Pretti, su padre, explicó que estaba muy molesto con la ofensiva migratoria del presidente estadounidense Donald Trump y la situación que se vivía en Mineápolis y en todo Estados Unidos con el ICE. «Sentía que protestar era una forma de expresar su preocupación por los demás», añadió.
La víctima también era un ávido amante de la naturaleza y disfrutaba de las aventuras con su querido perro leopardo Catahoula, Joule, quien también había fallecido recientemente. Un colega, el médico Dimitri Drekonja, del Departamento de Asuntos de Veteranos, lamentó el suceso en redes sociales, recordando que Alex Pretti era una persona amable y bondadosa que vivía para ayudar.
Los funcionarios de la ciudad confirmaron que, más allá de unas cuantas multas de tráfico, Pretti no tenía antecedentes penales y nunca había tenido contacto con las fuerzas del orden. El jefe de policía de Mineápolis, Brian O’Hara, informó que Pretti era un «propietario legal de armas con permiso para portarlas», y subrayó que la persona fallecida era un «ciudadano estadunidense».
La escalada de tensión y el contexto de las redadas
El asesinato de Alex Pretti el sábado se da en un ambiente ya caldeado por las políticas migratorias de la administración Trump. Pretti había estado participando activamente en protestas tras otro incidente violento: el asesinato de Renee Good, quien también tenía 37 años, a manos de un agente de Inmigración y Aduanas el 7 de enero.
La represión migratoria ha sido intensa en la región. Se estima que más de 2 mil agentes federales están recorriendo las calles de Mineápolis-St. Paul en busca de inmigrantes para detenerlos, y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos reporta más de 3 mil arrestos desde principios de diciembre. Esto ha provocado que los residentes se organicen para monitorear, interrumpir y protestar contra la represión en las calles.
El jefe de policía de Mineápolis, Brian O’Hara, señaló que este incidente marca la última escalada de tensión entre las comunidades de la ciudad y los agentes federales que actúan en nombre del DHS.
Las versiones opuestas: la justificación federal contra la evidencia del video
Inmediatamente después del tiroteo, surgieron narrativas contradictorias entre los funcionarios federales y la evidencia visual.
La versión oficial y las acusaciones extremas
La portavoz del Departamento de Seguridad Nacional, Tricia McLaughlin, dijo en un comunicado que los oficiales federales estaban llevando a cabo una operación y que dispararon «tiros defensivos» después de que un hombre con una pistola se les acercó.
Esta narrativa fue respaldada por el presidente Donald Trump, quien justificó el asesinato al afirmar que Pretti puso en riesgo a sus agentes. A través de su plataforma Truth Social, Trump señaló que el arma portada por el enfermero estaba «cargada y lista para disparar».
De manera aún más grave, el Departamento de Seguridad Nacional llegó a afirmar que el hombre fallecido era un «inmigrante ilegal buscado por agresión violenta» que pretendía «masacrar a las fuerzas del orden», a pesar de que la policía local y la familia identificaron a Pretti como ciudadano estadounidense. El asesor de Trump, Stephen Miller, escaló las acusaciones, calificando a Pretti de “terrorista doméstico” que “intentó asesinar a agentes del orden federal”.
El desmantelamiento de la narrativa por los videos
A pesar de la insistencia federal, los videos que circulan en redes sociales contradicen de forma tajante las acusaciones de Trump y el DHS.
- Defensa y agresión: Grabaciones muestran que Pretti estaba filmando con su celular a los agentes. El conflicto inició cuando uno de los agentes aventó violentamente a una mujer, y Pretti se apresuró a defenderla. El actuar del enfermero provocó que fuera rociado con gas pimienta por el agente antes de ser abordado.
- El desarme: Los videos grabados a la distancia, incluso desde el interior de un edificio, muestran a un grupo de al menos seis agentes del ICE, todos con chalecos antibalas y el rostro cubierto, forcejeando y golpeando a la víctima.
- La ejecución: Otras imágenes revelan que, si bien Pretti portaba un arma, nunca la apuntó. Lo más clave es que un elemento del ICE se acercó para registrarlo y tomó el arma mientras Pretti estaba sometido en el suelo. Esto ocurrió antes de que se escucharan las múltiples detonaciones, desmoronando la justificación de que la vida de los agentes estaba en riesgo al momento del tiroteo.
El hombre recibió un disparo en el pecho y fue trasladado de urgencia a un hospital cercano, donde falleció.
Reacción social y política ante el tiroteo
Tras el asesinato, cientos de personas se congregaron en un monumento improvisado en una parada de autobús junto al lugar del tiroteo para rendir homenaje a Alex Pretti, dejando flores y encendiendo velas.
Una multitud enfurecida se reunió y gritó groserías a los agentes federales, llamándolos «cobardes» y diciéndoles que se fueran a casa. La tensión fue tal que un agente federal respondió burlonamente a los manifestantes con un «¡Buu!» mientras se alejaba. La intersección tuvo que ser bloqueada por agentes de la Patrulla Fronteriza para intentar calmar las protestas.
En un gesto de apoyo comunitario, Allison Bross, dueña de la tienda de moda b. Resale, ubicada junto al lugar del tiroteo, abrió su negocio para que los manifestantes pudieran tener acceso a comida, agua, baños y atención médica, buscando alivio de las gélidas temperaturas del exterior.
A nivel político, el presidente Donald Trump acusó al alcalde de Mineápolis y al gobernador del estado de «incitar a la insurrección» por la respuesta que dieron a la muerte de un civil a manos de agentes federales.
Este incidente deja al descubierto una grieta profunda: la discrepancia entre las narrativas de seguridad nacional dictadas desde el poder ejecutivo y la evidencia visual que emerge desde la calle. La pregunta que queda para Mineápolis y para todo el país es cuándo la rendición de cuentas prevalecerá sobre las justificaciones políticas, especialmente cuando los videos demuestran que, en medio de una operación, un ciudadano estadounidense fue desarmado y ejecutado.









