La noche del domingo 21 de diciembre de 2025, el restaurante Luaú en la Zona Rosa de la Ciudad de México se convirtió en el escenario del brutal asesinato de Óscar Noé Medina González, alias “El Panu”. Identificado inicialmente como un empresario hotelero de Sinaloa, “El Panu” era en realidad un mando operativo clave de Los Chapitos, revelando las profundas y peligrosas conexiones del crimen organizado con la esfera social y política de alto nivel.
El asesinato de un objetivo prioritario en la capital
El ataque armado se registró al interior del establecimiento ubicado en la colonia Juárez, en la Zona Rosa. De acuerdo con información oficial, Medina González cenaba en compañía de su pareja y un amigo cuando un sicario ingresó al lugar fingiendo ser cliente y disparó contra el objetivo en reiteradas ocasiones.
Medina González perdió la vida en el sitio, mientras que una persona más resultó lesionada. Sus acompañantes sobrevivieron al ataque. La agresión provocó un operativo policial inmediato en la zona, aunque hasta el momento de los reportes no se reportaban personas detenidas.
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México abrió la carpeta de investigación correspondiente para esclarecer las circunstancias del ataque, con indagatorias que se centran en determinar el móvil y la identidad de los responsables, así como el paradero de su asesino material.
La doble vida: de empresario hotelero a mando de Los Chapitos
Aunque en un principio la víctima fue identificada como un empresario hotelero originario de Sinaloa llamado Óscar Ruiz Domínguez, la verdad de su identidad y su rol dentro del crimen organizado emergió con el avance de las horas.
La madre de la víctima confirmó que se trataba de Óscar Noé Medina González, alias ‘El Panu’, quien era dueño del Hotel Tramonto en Mazatlán.
Autoridades federales mexicanas y agencias de seguridad de Estados Unidos consideraban a Medina González como uno de los mandos operativos más relevantes dentro de la estructura de Los Chapitos, facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín Guzmán Loera.
El rol de “El Panu” en el Cártel de Sinaloa
Su papel dentro de la organización era crucial, ya que estaba vinculado directamente al aparato de seguridad del grupo. Sus responsabilidades incluían:
- La protección de los principales liderazgos de Los Chapitos.
- La coordinación de células armadas.
- La supervisión de personal operativo.
- La respuesta ante amenazas internas y externas, incluidas disputas con organizaciones rivales.
“El Panu” fungía como enlace entre mandos regionales y la estructura central, con capacidad de decisión sobre movimientos de personal armado, vigilancia de zonas estratégicas y control de territorios clave para las operaciones del grupo, principalmente en el noroeste del país. Tras la detención y caída de otros jefes de seguridad en años recientes, Medina González había fortalecido su posición.
Vínculos de alto perfil y objetivos internacionales
Esta condición de operador central de Los Chapitos lo convirtió en un objetivo prioritario.
En el ámbito judicial, su nombre aparecía en acusaciones formales ante cortes federales estadounidenses, donde era señalado por graves delitos:
- Conspiración para el tráfico internacional de drogas sintéticas, principalmente fentanilo.
- Delincuencia organizada y lavado de dinero.
- Posesión de armas de uso exclusivo del Ejército, incluidos artefactos de alto poder y ametralladoras.
Como parte de estas investigaciones, la Administración para el Control de Drogas (DEA) había incluido a Medina González en su lista de objetivos prioritarios y ofrecía una recompensa de hasta cuatro millones de dólares por información que condujera a su captura o condena. Reportes periodísticos revelaron además que “El Panu” era buscado por grupos antagonistas como “Los Ántrax” y ”La Mayiza”.
Los nexos con el círculo rojo
La investigación sobre el asesinato de Medina González desveló conexiones que alcanzan el ámbito político nacional.
Según los reportes, la pareja de la víctima fue identificada como María José Rojo, de profesión modelo, quien también era la actual reina del Club de Rotarios de Mazatlán. Ella fue quien inicialmente identificó a su novio con el nombre falso de Óscar Ruiz Domínguez.
Con el avance de las indagatorias, se reveló que el padre de la joven es el diputado federal del PAN, Adolfo Rojo Montoya, lo que coloca a un actor político en el círculo familiar inmediato del mando operativo asesinado de Los Chapitos.
Implicaciones y reacomodos internos
Tras confirmarse la muerte del «El Panu», las autoridades federales analizan el impacto del homicidio en la estructura operativa de Los Chapitos. Este hecho se produce en un contexto de reacomodos y disputas por el control de rutas y territorios dentro del Cártel de Sinaloa, y podría tener repercusiones significativas en la dinámica interna.
El asesinato, ejecutado en el corazón de la capital, no solo subraya la capacidad de operación de las células criminales en la Ciudad de México, sino que también expone la fragilidad de las fachadas corporativas y sociales que utilizan los grandes capos, así como la preocupante infiltración del narcotráfico en esferas de influencia como la política y el empresariado. ¿Hasta dónde llegan realmente los hilos de Los Chapitos en el entramado político-social del país?









