La absolución de Daniel Arizmendi: ¿Regresa a las calles el Mochaorejas?

La absolución Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, por un secuestro de 1997 reabre heridas. La jueza ordenó su libertad en esa causa, pero sigue preso por múltiples condenas vigentes.
La absolución de Daniel Arizmendi: ¿Regresa a las calles el Mochaorejas?

El nombre de Daniel Arizmendi López, mejor conocido como «El Mochaorejas», volvió a sacudir a México el 24 de diciembre de 2025. Tras 27 años de prisión por una carrera criminal que aterrorizó la década de los 90, una jueza federal ordenó su libertad en una causa penal específica, reabriendo el debate sobre la justicia y la impunidad en casos de alto perfil. Aunque la noticia generó preocupación e indignación en el «círculo rojo», Arizmendi no podrá abandonar la cárcel, al menos no por ahora.

Revés judicial: los argumentos detrás de la absolución Daniel Arizmendi

La decisión legal provino de la jueza Raquel Ivette Duarte Cedillo, titular del Juzgado Segundo de Distrito en Materia Penal en el Estado de México. El fallo determinó que la Procuraduría General de la República (PGR) de aquel entonces no presentó los elementos suficientes para acreditar la responsabilidad directa de Arizmendi en un caso de secuestro ocurrido en 1997.

La sentencia, citada por el diario Milenio, específica:

> “El juicio de reproche no es procedente […] se absuelve de la acusación ministerial a Daniel Arizmendi López en la comisión del delito de privación ilegal de la libertad, en la modalidad de secuestro”.

La jueza señaló que, aplicando el principio de presunción de inocencia, no existen datos suficientes para atribuirle responsabilidad directa en los hechos de esa acusación. Esto, a pesar de que en el proceso se citó la declaración de un padre que lo identificó tras verlo en televisión negociando la liberación de su hijo mutilado, según relata una de las fuentes.

El Mochaorejas sigue preso por condenas vigentes

A pesar de la absolución Daniel Arizmendi en el caso de secuestro específico de 1997, el criminal seguirá detenido en el Centro Federal de Reinserción Social 14 CPS-Durango, donde actualmente se encuentra recluido. La razón es que enfrenta otros procesos penales y condenas que mantiene vigentes por múltiples casos de secuestro y delincuencia organizada.

La condena compurgada

La jueza federal sí encontró a Daniel Arizmendi responsable de violar la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, por la cual se le impuso una pena de ocho años de cárcel y 500 días multa (equivalentes a 13 mil 225 pesos).

  • Al haber pasado 27 años tras las rejas, Arizmendi ya cumplió o compurgó esta sanción.
  • El fallo emitido únicamente le concede libertad respecto a esta causa penal y la condena por Delincuencia Organizada.
  • No obstante, permanecerá en prisión por los otros delitos graves en los que ya ha recibido sentencias condenatorias firmes.

El contexto legal de la pareja de Arizmendi

El círculo legal del «Mochaorejas» también experimentó movimientos judiciales. Días antes de la absolución de Arizmendi, su pareja sentimental, Dulce Paz Venegas Martínez, también recibió un amparo por parte de un Tribunal Federal.

Ella fue detenida con Arizmendi el 17 de agosto de 1998. El Tribunal determinó que su caso debió haber sido juzgado en el fuero común y no en el fuero federal, lo que abre una nueva vía legal para su defensa.

La historia detrás del criminal más temido de los 90

El nombre de Daniel Arizmendi López, originario de Miacatlán, Morelos, provocaba escalofríos en los años 90 debido a su brutal modus operandi y su alto perfil mediático.

Orígenes delictivos y el nacimiento del apodo

Nacido el 22 de julio de 1958, Arizmendi fue detenido desde joven por delitos menores como robo de autopartes y vehículos. Tras salir de la cárcel, se mudó a los suburbios de la Ciudad de México con su hermano, Aurelio Arizmendi.

La incursión en crímenes mayores se dio cuando un secuestrador apodado “La Víbora” los introdujo en el mundo del secuestro exprés.

El primer gran crimen de su banda fue el siguiente:

  • Raptar a un empresario y exigir un rescate jugoso.
  • A pesar de que los familiares pagaron el rescate, la víctima fue asesinada.
  • El cuerpo fue abandonado en una calle del municipio de Chalco.

La facilidad con la que obtuvieron dinero en este primer evento convenció a los hermanos Arizmendi de escalar su actividad. Formaron su propia banda, reclutando a familiares y amigos cercanos para las labores de seguridad, negociación y cobro de rescates.

Daniel Arizmendi fue más allá, incorporando la táctica de mutilar a sus víctimas (varios menores de familias adineradas) cortándoles las orejas para enviarlas como advertencia y presionar a las familias a pagar. Así nació su infame apodo, «El Mochaorejas». Su crueldad, logística precisa y red de complicidades le permitieron operar impunemente hasta su captura en 1998.

El debate generado por la absolución Daniel Arizmendi pone de relieve los retos del sistema judicial mexicano para consolidar pruebas, incluso décadas después de los crímenes. La pregunta que flota en el ambiente político y social, tras esta decisión judicial que solo lo libera de una causa penal, es inevitable: ¿qué significa realmente que los vacíos procesales absuelvan parcialmente a criminales cuya leyenda macabra aún habita el imaginario colectivo del país?

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