Agencias
CANCÚN.- La iniciativa para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales volvió a colocarse en el centro del debate público, luego de que diversas organizaciones sindicales, incluidas las de Quintana Roo, expresaran su postura frente a la propuesta presentada ante el Congreso.
Aunque reconocen que disminuir el tiempo de trabajo representa un avance histórico para millones de empleados en el país, advierten que el diseño actual podría tener efectos económicos y laborales que deben revisarse antes de su aprobación definitiva.
Mediante un comunicado conjunto, los sindicatos señalan que una reducción de horas no necesariamente se traducirá en mejores condiciones si no se establecen reglas claras sobre su aplicación. Entre las principales preocupaciones está la posibilidad de que se mantenga el esquema de seis días laborados por uno de descanso, lo que limitaría el impacto real en la calidad de vida. También alertan que permitir jornadas combinadas de hasta 12 horas diarias podría abrir espacio a una reorganización del tiempo laboral que, en la práctica, prolongue los periodos efectivos de trabajo.
Desde el punto de vista económico, advierten que el rediseño de las horas extraordinarias podría modificar la estructura de costos para las empresas y afectar el ingreso neto por hora adicional para los trabajadores. Si bien la iniciativa contempla que no se reduzcan salarios, el mayor uso de horas extra y los posibles ajustes en cargas fiscales y de seguridad social podrían generar distorsiones en la remuneración real. Además, señalan que, si no se acompaña de incentivos a la productividad y apoyos específicos para micro, pequeñas y medianas empresas, la reforma podría trasladar presiones financieras a los centros de trabajo más vulnerables.
Otro punto relevante es el riesgo de incremento en la informalidad si las nuevas disposiciones no se implementan con mecanismos claros de supervisión. Las organizaciones sostienen que la ambigüedad en algunos conceptos legales podría facilitar esquemas de simulación o fragmentación de plantillas, lo que terminaría debilitando la estabilidad laboral. También advierten que, sin una negociación colectiva efectiva, algunas empresas podrían intensificar ritmos de producción para compensar la reducción de horas, afectando la salud física y mental de los trabajadores.
En este contexto, las organizaciones sindicales plantean que la reducción de la jornada debe vincularse con una estrategia integral que incluya diálogo social, reglas de transición claras y políticas públicas orientadas a mejorar la productividad sin precarizar el empleo. Consideran que el objetivo debe ser lograr un equilibrio entre competitividad económica y bienestar laboral, evitando que una reforma pensada para mejorar las condiciones de trabajo termine generando efectos adversos en el mercado laboral.
SIM










