La inflación anual en México se aceleró a 3.79% en enero de 2026, repuntando desde el 3.69% registrado en diciembre anterior, según datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este incremento se debe, en parte, al efecto de los cambios fiscales implementados a inicios de año que aumentaron la tasa del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en productos como cigarros y bebidas azucaradas.
Como respuesta directa a este repunte y a la persistencia de presiones, el Banco de México (Banxico) determinó pausar su ciclo de recortes, manteniendo la tasa de referencia en 7%. La Junta de Gobierno también ajustó al alza su proyección de inflación para el cierre de 2026, elevándola de 3% a 3.5 por ciento.
La decisión del Banco de México: Pausa obligada en el ciclo de recortes
La pausa en los recortes de la tasa de interés, dejando el costo del dinero en 7 por ciento, no fue una sorpresa para el mercado tras la aceleración inflacionaria. Esta decisión, tomada durante la primera reunión del año de la Junta de Gobierno, tiene múltiples anclajes de justificación.
El banco central indicó que la pausa era necesaria «en congruencia con la valoración del actual panorama inflacionario». Esto incluyó la consideración de los ajustes a las previsiones de inflación, la necesidad de evaluar el impacto de los cambios fiscales implementados a principios de año, la conducta del tipo de cambio, la debilidad mostrada por la actividad económica y el grado de restricción monetaria ya establecido.
Aunque el 3.79% anual se ubicó ligeramente por debajo de la expectativa del mercado, que según el sondeo de Reuters se situaba en 3.82%, la tendencia ascendente obligó a Banxico a detener la relajación monetaria.
Desglose inflacionario: La subyacente sigue presionando
El análisis del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en enero de 2026 mostró una variación mensual de 0.38%. La preocupación central radica en el comportamiento de la inflación subyacente, considerada un mejor indicador de las presiones estructurales de los precios.
La inflación subyacente se ubicó en un nivel de 4.52% anual. Dentro de este componente, la presión provino mayoritariamente del rubro de mercancías, que registró un aumento de precios de 4.56% anual, seguido de cerca por los servicios, cuyo encarecimiento fue de 4.48 por ciento.
Fragilidad en el soporte no subyacente
En contraste, la inflación no subyacente comenzó el año con un aumento de precios de 1.59% en comparación con enero del año anterior. Los productos agropecuarios incrementaron 1.52%, mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno lo hicieron en 1.28 por ciento.
Expertos como la firma Kapital advirtieron sobre la naturaleza temporal del bajo incremento en el primer mes del año, señalando que la contención del INPC se debió, en gran medida, a una caída mensual de 0.39% en el indicador no subyacente. Esta caída se originó en retrocesos de precios en frutas, verduras y productos pecuarios.
La conclusión crítica de Kapital es que este soporte es frágil y difícilmente sostenible en el mediano plazo, especialmente en el contexto de un IEPS más alto, aranceles a productos sin tratados de libre comercio y el incremento de 13% en el salario mínimo.
Lista de verificación del gasto: Lo que más afectó a la cartera en enero
El informe del Inegi, analizado por Belén Saldívar, reveló qué bienes y servicios registraron los aumentos y descensos de precio más significativos, medidos por incidencia mensual, afectando directamente el bolsillo de los consumidores:
La marcada deflación en el transporte aéreo, así como en productos perecederos clave como el chile serrano, la cebolla y el huevo, fue lo que atenuó el impacto del aumento en los precios de los productos gravados por el IEPS y los servicios alimentarios. La pregunta clave para los próximos meses no es si la inflación subyacente cederá, sino por cuánto tiempo los precios volátiles podrán sostener esta aparente estabilidad general.









