La devastadora plaga del gusano barrenador del Nuevo Mundo, erradicada hace más de dos décadas, ha resurgido con virulencia. Caminando de la mano del contrabando de unas 800 mil reses desde Centroamérica (especialmente de Nicaragua), esta crisis sanitaria no solo ha generado pérdidas millonarias en exportaciones, sino que ha desnudado una vasta red de complicidades e impunidad en la frontera sur de México. Imparable hasta ahora, la plaga continúa su marcha hacia el norte.
La reactivación de una crisis sanitaria erradicada
La plaga fue originalmente erradicada en México a partir de 1974, gracias a la construcción de la Planta de Moscas Estériles. Las campañas para combatirla fueron exitosas, pero el proyecto desapareció. Con el florecimiento del contrabando a finales de 2024, el mal regresó al país.
La magnitud del comercio ilegal es alarmante: más de 2 mil 200 bovinos cruzan cada día la línea divisoria con Guatemala y se internan en territorio nacional. Este flujo ocurre sin que autoridad alguna “lo note”, a pesar de que Chiapas es uno de los estados más militarizados del país. Desde allí, los animales son trasladados sin problema alguno por carreteras a los más distintos lugares.
El riesgo sanitario es evidente, pues entre los animales que llegan al país provenientes de Centroamérica, hay algunos enfermos. En las heridas de sus lomos, las moscas que propalan el mal depositan sus huevos, y las larvas devoran sus tejidos. A menudo, los daños provocados son mortales. Debido a que las moscas no necesitan pasaporte, y el ganado es trasladado por barco o por tierra, la plaga se ha extendido. Los días en que no se documenta una res enferma se celebran como día de fiesta.
La red de impunidad y el negocio de los aretes falsos
Para que un negocio de esta magnitud funcione sin contratiempos, se necesita una compleja red de complicidades e impunidad que involucra a:
- Inspectores sanitarios.
- Policías.
- Militantes.
- Guardia Nacional.
- Políticos.
- Transportistas y ganaderos mexicanos.
Los contrabandistas no se preocupan si los animales están sanos o enfermos, ni si dañan las relaciones comerciales con Estados Unidos, o si las personas enferman de “miasis por gusano barrenador”. Para ellos, lo importante son las ganancias.
El mercado negro de la identificación oficial
Como buenos prestidigitadores, los estraperlistas convierten a las reses ilegales en legales. Para ello, echan mano de otro pingüe negocio: el mercado negro de aretes de identificación oficial, expedidos por el Sistema Nacional de Identificación Individual de Ganado (Siniiga).
Sean reutilizados o falsificados, esos aretes permiten que los animales invisibles se vuelvan visibles y entren al mercado mexicano legalmente. El costo oficial de los anillos es de alrededor de 50 pesos. Sin embargo, en los bajos mundos se venden entre 400 y 700 pesos. Se trata de un negocio ilícito valorado en unos 360 millones de pesos.
El impacto económico y la presión de Estados Unidos
La crisis del gusano barrenador ha generado severas consecuencias económicas para el sector exportador mexicano. Estados Unidos ha cerrado su frontera en tres ocasiones. La última ocurrió en julio pasado. Las reses se quedaron en los potreros, provocando la pérdida de mercados, certificaciones y prestigio.
El golpe seco se tradujo en que se quedaron sin exportar 780 mil 880 cabezas de bovino en pie, con un valor total de 642 millones de dólares.
Desde hace 11 meses, las autoridades mexicanas aseguran que dispersan semanalmente 100 millones de moscas estériles de gusano barrenador de ganado. Estas provienen de Panamá y se esparcen en polígonos estratégicos del sur-sureste. A pesar de este esfuerzo, se siguen detectando casos.
Apenas hace un mes, Jorge Esteve, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), declaró que esta crisis tardará años en resolverse. «No se avizora aún cuándo Estados Unidos podría reabrir su frontera a las compras de ganado en pie”, afirmó.
La soberanía de baja intensidad y la postura militar de Washington
La gravedad de la situación quedó patente con el hallazgo de una vaca enferma de ocho meses en Sabinas Hidalgo, Nuevo León, a 112 kilómetros de la frontera norte. Esto motivó una enérgica respuesta de Washington.
El 21 de septiembre, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) emitió un comunicado. Brooke Rollins, titular de ese departamento, indicó que “proteger a Estados Unidos del GBG no es negociable y es una prioridad máxima para la administración Trump”.
Señaló que “tomará medidas decisivas para proteger nuestras fronteras, incluso en ausencia de cooperación”, y no dependerá de México para salvaguardar su industria o su suministro de alimentos. Añadió que, como en la administración de esa nación todo parece tener lenguaje militar: “Esta guerra exige la potencia total del gobierno”.
Simultáneamente, la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne de Res de ese país pidió a su Departamento de Agricultura que siga presionando a México para reducir el traslado de animales que puedan propagar esta plaga hacia la frontera.
En una muestra de soberanía de baja intensidad, personal del USDA monitorea 350 sitios de recolección de muestras en México. Esto recuerda al caso del aguacate hasta finales de 2024, cuando inspectores de esta agencia estadounidense debían certificar huertos y empacadoras que exportan. En distintos momentos, la USDA detuvo el flujo de las ventas del oro verde mexicano a ese país. Hacia finales de 2024, el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas (APHIS) transfirió todas las responsabilidades de inspección de huertos a México.
El modelo agroexportador, un gigante con pies de barro
La crisis del gusano barrenador del Nuevo Mundo pone en evidencia que el modelo agroexportador, presumido como un gran éxito por el gobierno federal, es un gigante con pies de barro.
Detrás del aparente logro, la plaga puso al descubierto:
- La dependencia de un solo mercado exportador.
- La renuncia a ejercer responsabilidades de inspección y control sanitario.
- El abandono de la inversión pública en el sector.
- El cerrar los ojos al contrabando y la permisividad ante el mercado negro de anillos.
Por lo pronto, y a pesar del anuncio de avances en la contención de la plaga, el mercado estadounidense sigue cerrado para las exportaciones de bovino mexicano.
Esta crisis se inserta en un contexto político más amplio. El libro que la semana pasada salió a la venta, de la autoría de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, recupera una forma de narrar casi olvidada: el diario de viaje. Estas situaciones ocurren mientras López Obrador, en sus reflexiones sobre las izquierdas de México, asumió una postura antineoliberal y a favor de los pobres, construyendo una narrativa en torno a la cuarta transformación. Sin embargo, también llevó a cabo una serie de alianzas con partidos, movimientos y personas que no eran de izquierda, como el PVEM o la iglesia La Luz del Mundo. ¿Qué impacto tendrá la crisis sanitaria en la agenda de transición de esta nueva administración?









