Por Leslie Gordillo
CANCÚN.- Más allá de las expectativas de recuperación y crecimiento para 2026, el turismo en México y en el Caribe mexicano enfrenta una serie de retos estructurales y coyunturales que definirán su desempeño en el corto y mediano plazo, como la inseguridad, las restricciones en visado, malos tratos en Migración, falta de promoción, entre otros.
De acuerdo con el análisis presentado, en la Conferencia Internacional Anáhuac Cancún «Perspectivas turísticas», por Francisco Madrid, titular del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sustentable (STARC -por sus siglas en inglés-), el cierre de 2025 dejó lecciones claras sobre las vulnerabilidades del sector y los desafíos que deberán atenderse para consolidar la recuperación en un contexto internacional cada vez más incierto y competitivo.
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La inseguridad, el manejo del sargazo y la presión sobre la infraestructura turística y aeroportuaria continúan siendo temas recurrentes en la percepción del viajero; si bien no han detenido la llegada de turistas, sí representan riesgos para la experiencia del visitante y para la reputación del destino, especialmente en un contexto de mayor competencia internacional.
Recordó que la conectividad aérea, particularmente la disponibilidad de asientos durante el último verano, limitó el crecimiento, afectando de manera directa la llegada de turistas internacionales.
Pese a ello, se espera una recuperación gradual de asientos este año, pero de no resolverse seguirá siendo crítico, ya que sin conectividad suficiente resulta imposible capitalizar el interés de mercados emisores, incluso en el marco de eventos de gran escala como el Mundial.
A ello se suman los obstáculos migratorios y de visado, sobre todo en mercados de América Latina y Sudamérica. Los procesos actuales han frenado el flujo de viajeros de países con alto potencial, generando una contracción en estos segmentos.
La eventual implementación de la visa digital para Brasil, anunciada para el primer trimestre de este año, podría convertirse en un punto de inflexión, pero mientras no se generalicen soluciones similares, la región continuará enfrentando dificultades para diversificar sus mercados y reducir la dependencia de Norteamérica.
Otro desafío relevante es la limitada inversión en promoción turística a nivel federal; en un escenario de “normalidad competitiva”, donde destinos de Europa, Asia y Medio Oriente han recuperado fuerza, la falta de una estrategia promocional robusta coloca a México en desventaja.
Durante la pandemia, el país se benefició de una menor competencia; hoy, en cambio, compite con destinos que invierten de forma agresiva en posicionamiento, conectividad y atracción de eventos, lo que obliga a replantear el modelo de promoción para no perder participación de mercado.
El entorno internacional volátil representa un reto adicional: conflictos geopolíticos, cambios de gobierno, tensiones diplomáticas y episodios de inestabilidad, como los ocurridos recientemente en Medio Oriente, Asia y Europa, que generan incertidumbre en los flujos turísticos.
Aunque el turismo ha demostrado ser una actividad resiliente, estos factores pueden alterar decisiones de viaje, redirigir mercados o provocar ajustes súbitos en la demanda, lo que exige una planeación flexible y capacidad de respuesta rápida por parte de destinos y autoridades.









