La política penitenciaria de Hidalgo se cimbró este lunes con el hallazgo sin vida de Marcos Hernández Morales, director del Centro de Reinserción Social (Cereso) de Tulancingo. Su deceso, reportado por la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPH) como «causas naturales», contrasta con intensos rumores y genera profundas interrogantes en el círculo político y social.
El hallazgo y el comunicado oficial
Marcos Hernández Morales fue encontrado inconsciente al mediodía de este lunes dentro del dormitorio asignado en el penal de Tulancingo. Tras el descubrimiento, el equipo médico del Cereso lo valoró, dictaminando que no presentaba signos vitales. Este suceso desató una movilización inmediata en el ámbito de la seguridad y el control penitenciario estatal.
La Secretaría de Seguridad Pública del estado de Hidalgo (SSPH) informó el deceso a través de un breve comunicado. En su mensaje, la dependencia aclaró que el fallecimiento de Hernández Morales fue por causas naturales. Sin embargo, este comunicado oficial omitió un detalle crucial: la SSPH no informó la enfermedad específica por la que falleció el directivo.
Rumores y el velo de la opacidad
La escueta comunicación de la SSPH alimentó rápidamente versiones extraoficiales que circularon en redes sociales. Surgieron persistentes rumores que apuntaban a que el directivo había sido ejecutado de un balazo. La falta de transparencia por parte de la dependencia, al no especificar la causa del deceso más allá de la ambigua denominación de «causas naturales», ha provocado un clima de incertidumbre y desconfianza. Esta omisión contrasta con la necesidad de claridad y rendición de cuentas en un ámbito tan sensible como la dirección de un centro penitenciario.
La trayectoria de un funcionario clave
Marcos Hernández Morales contaba con una extensa y variada trayectoria dentro del sistema penitenciario hidalguense. Fue nombrado por primera vez como director del Cereso de Tulancingo el 27 de marzo de 2013. Posteriormente, el 17 de febrero de 2017, fue cambiado al penal de Pachuca, para luego ser enviado de vuelta y retomar la dirección del Cereso de Tulancingo.
Su experiencia se extendía más allá de estos cargos. Hernández Morales también dirigió los penales de Jacala, Molango, Apan e Ixmiquilpan, acumulando una vasta pericia en la administración de diversos centros de reinserción social. Adicionalmente, se desempeñó como jefe de área en la Dirección de Prevención y Readaptación Social de Hidalgo, lo que lo consolidaba como una figura con profundo conocimiento y experiencia en la seguridad y gobernanza de los sistemas carcelarios del estado.
El impacto en el círculo penitenciario
El fallecimiento del director del Cereso de Tulancingo es un evento que sacude la estructura del sistema penitenciario estatal. La opacidad que rodea las causas de su muerte, sumada a la circulación de rumores sobre una posible ejecución que contradicen la versión oficial, genera un ambiente de preocupación entre los actores del «círculo rojo» y los ciudadanos interesados en la estabilidad y transparencia de las instituciones. ¿Qué implicaciones tendrá esta situación para la seguridad y la gobernabilidad de los penales en Hidalgo? ¿Es la falta de detalles una estrategia para contener la información o una preocupante señal de debilidad institucional que demanda una investigación más profunda?










