
Industria en alerta: aranceles, autos y el nuevo laberinto comercial entre México y EU
El conflicto arancelario entre Estados Unidos y México abre una etapa de incertidumbre para el sector automotriz. El impacto ya se siente en la región.
El dilema fronterizo: ¿cómo identificar qué parte del auto es mexicana?
La advertencia no viene de un opositor político ni de un empresario marginal. Es Luis Lozano, expresidente de Toyota México, quien lanza una crítica frontal al nuevo esquema arancelario impulsado por Estados Unidos: “No existen sistemas para determinar con claridad cómo se aplicarán los aranceles, lo que genera caos operativo.”
La palabra clave es “procedencia”. Y es precisamente lo que no puede garantizar la aduana estadounidense.
Un rompecabezas imposible para las aduanas
Componentes globales, reglas locales
La realidad de la industria automotriz moderna es que un solo vehículo puede tener partes de cinco países distintos. Esto, que ha sido la norma por años, hoy se convierte en un problema para el modelo proteccionista de EU. Según Lozano, los aranceles del 25% se aplicarán solo a las porciones de los vehículos que no sean originarias de EU, además del contenido de acero y aluminio, pero ¿quién puede calcular eso en frontera?
México, en la línea de fuego (y de oportunidad)
Paradójicamente, este mismo caos podría beneficiar a México a corto plazo. Lozano señala que “podría haber un aumento en la producción en México debido a los altos aranceles que enfrentan las importaciones”. Esto reforzaría la tendencia a la regionalización: fabricar en América del Norte para América del Norte.
Pero hay letra chica: mientras más se endurezcan las políticas en Washington, menos atractivas serán para inversionistas europeos o asiáticos. Un efecto búmeran.
Precios al alza: el consumidor estadounidense pagará la factura
El corto plazo: autos más caros
Los vehículos importados desde Asia o con componentes de múltiples regiones enfrentarán costos extra. Esto, inevitablemente, se trasladará a los precios al consumidor. “Los consumidores terminarán pagando los aranceles”, afirma Lozano.
Esto ya empieza a reflejarse en las decisiones de compra en Estados Unidos: preferencia por modelos locales o usados, disminución de importaciones, y una inflación contenida pero persistente en el rubro automotriz.
El largo plazo: una industria más cerrada y menos innovadora
Más preocupante aún es el mediano y largo plazo. Al restringir el acceso a tecnología internacional, se limita la innovación. “Terminarán lastimando su propia industria”, advierte el especialista. Es un golpe que se sentirá no solo en el precio, sino en la competitividad global del sector estadounidense.
Análisis desde la Península: ¿cómo afecta al sur de México?
El sureste mexicano, históricamente rezagado en el mapa automotriz nacional, observa desde la periferia. Sin embargo, proyectos logísticos como el Corredor Interoceánico y los polos de desarrollo industrial en Yucatán y Campeche podrían volverse más relevantes ante una necesidad creciente de producción localizada.
Si México se vuelve más atractivo para la fabricación, los estados del sur pueden convertirse en nuevos jugadores, siempre que haya infraestructura, seguridad y políticas de inversión claras. El momento es estratégico.
¿Protección o autogol?
La política arancelaria de Estados Unidos, diseñada para proteger empleos y producción local, podría convertirse en un búmeran económico. La imposibilidad técnica de identificar la procedencia exacta de autopartes genera un caos operativo que amenaza con encarecer vehículos, desalentar inversiones y debilitar la innovación.
Para México, hay una ventana de oportunidad. Pero esa ventana exige estrategia, logística y una apuesta por el desarrollo industrial más allá del Bajío. El sureste debe alzar la mano.