España enfrenta este año la peor ola de incendios de su historia reciente, con más de 400 mil hectáreas devastadas, casi uno por ciento del territorio nacional, y ocho muertos. La tragedia revela una fractura política en la gestión de la crisis, mientras los afectados denuncian abandono.
La devastación sin precedentes y sus orígenes
La península ibérica sufre las consecuencias de altas temperaturas sin precedente en algunas regiones, que se suman a los incendios, la mayoría provocados por pirómanos. El saldo provisional asciende a 400 mil hectáreas calcinadas, lo que equivale a casi uno por ciento del total del territorio español, con ocho muertos registrados en lo que va del año. Las autoridades han detenido a 50 sospechosos y 135 personas son investigadas por provocar estos desastres.
El infierno en la tierra y el grito de abandono
En localidades como Yeres, en la provincia de León, el fuego se metió «a las puertas de la casa» y lo «arrasó todo», dejando a los residentes «desolados». Raquel Viges, vecina de Yeres, relató entre lágrimas y rabia: “Desde que empezó a arder el monte, el fuego se nos metió a las puertas de la casa. Y a partir de ahí el infierno siguió y lo arrasó todo hasta dejarlo como está, destruido, aniquilado, y nosotros desolados”. Esta es la percepción de los afectados, la del «abandono». Los recursos del Estado para paliar grandes crisis, como la erupción del volcán de La Palma o la pandemia de covid-19, nuevamente resultan insuficientes.
Factores que avivaron las llamas
Una escena habitual del verano en España, Portugal y Grecia son los grandes incendios forestales. Este año, las intensas lluvias registradas durante la primavera dejaron los campos más frondosos que nunca, creando un «combustible» natural para la expansión de las conflagraciones. Además de las altas temperaturas, algunas inéditas en regiones del norte de España, donde se registraron hasta 40 grados centígrados, los fuertes vientos avivaron las llamas y las convirtieron en una «magma impredecible» para las labores de extinción.
La fractura política ante la crisis ígnea
En medio de la devastación, dirigentes políticos se han enfrentado por las responsabilidades ante la crisis. El marco legal vigente establece que la responsabilidad inicial recae en las comunidades autónomas para fases menos graves, pero si la catástrofe se extiende sin control a varias regiones, el gobierno central tiene la obligación de coordinar las tareas de auxilio.
Disputa entre administraciones y críticas por la gestión
La mayoría de las comunidades autónomas afectadas están gobernadas por el derechista Partido Popular (PP), como Galicia, Castilla y León y Madrid. Sus presidentes autonómicos fueron criticados por estar de vacaciones durante los peores días de la tragedia. Por su parte, el gobierno central, encabezado por el socialista Pedro Sánchez, movilizó los recursos disponibles para sofocar los incendios. Sin embargo, estos resultaron insuficientes, obligando a solicitar ayuda internacional a países como Alemania y Rumanía, que enviaron bomberos, material y equipo especializado.
Despliegue histórico y un llamado a la reflexión
La vicepresidenta tercera del gobierno español, la socialista Sara Aagesen, defendió que las autoridades “han hecho un despliegue sin precedente contra la ola de incendios”. Aseguró que la dimensión de los hechos “nos tiene que llevar a una reflexión clara para analizar desde el rigor técnico las causas y las consecuencias”, con el fin de implementar políticas públicas que protejan, permitan la anticipación y la adaptación. Este mensaje fue dirigido a la derecha y a la extrema derecha españolas, que, según Aagesen, reproducen un discurso negacionista del cambio climático.
El impacto de la ola de incendios en cifras
Las llamas han calcinado más de 390 mil hectáreas en España en lo que va del año, según las últimas estimaciones del sistema europeo EFFIS. Esta cifra ya superó el peor año de la historia reciente, que fue 2022, cuando fueron arrasadas 306 mil hectáreas. Desde 1985, año en que 484 mil hectáreas fueron consumidas, no se habían registrado cifras de tal magnitud. En sólo dos semanas se declararon 20 grandes incendios forestales, destacando el de Uña de Quintana (Zamora), con cerca de 40 mil hectáreas calcinadas, y el de A Rúa (Ourense), que consumió más de 38 mil. Como consecuencia directa de este desastre, 35 mil 656 ciudadanos tuvieron que abandonar sus hogares.
La ola de incendios que asola España no es solo una catástrofe ecológica y humana, sino también un espejo de las tensiones políticas y las deficiencias estructurales en la prevención y respuesta. ¿Está el país preparado para afrontar un futuro con eventos climáticos cada vez más extremos?