
Un video viral de la consejera Dania Ravel explica cómo votar en la elección judicial más caótica de la historia mexicana. La reacción en redes es unánime: incredulidad y burla. ¿Así se construye una democracia?
¿Qué es la elección judicial y por qué genera tanto rechazo?
La llamada “elección judicial” forma parte de la reforma impulsada por el actual gobierno federal para que ministros, magistrados y jueces sean electos por voto popular. A primera vista, suena democrático. En la práctica, es una distorsión grave del sistema republicano.
El origen de la propuesta
Desde Palacio Nacional, la iniciativa se presentó como un acto de “revolución democrática”, bajo la narrativa de devolverle el poder al pueblo. El diagnóstico: jueces corruptos, alejados de la gente, cooptados por intereses privados. La solución: someterlos al voto.
Pero la crítica fue inmediata y generalizada, incluso desde sectores afines al gobierno. La elección de jueces por voto directo no garantiza independencia, profesionalismo ni imparcialidad, tres pilares del poder judicial en cualquier democracia moderna.
Un diseño que no pasó por la razón
La ejecución ha sido aún peor que la idea. Las boletas presentan seis opciones distintas, con una variedad de especialidades jurídicas, colores, numeraciones y recuadros que confunden incluso a los más instruidos. El número de candidatos es tan grande que nadie —fuera del círculo de aspirantes— puede identificarlos o evaluar su trayectoria.
El propio INE ha tenido que producir tutoriales para explicar cómo votar, como el ya mencionado video de Ravel, que ha circulado más como objeto de sátira que de orientación.
Boletas imposibles: el laberinto electoral que nadie pidió
¿Cómo son las boletas?
Cada elector recibirá hasta seis boletas diferentes. En cada una, aparecerán entre 20 y 30 nombres agrupados por especialidad: penal, civil, administrativa, electoral, laboral y constitucional. No hay partidos. No hay rostros. Solo nombres, números, colores y códigos.
La idea era evitar el partidismo. El resultado: una mecánica impenetrable para el votante promedio.
“Parece diseñada para desincentivar el voto”, comenta una exconsejera electoral en entrevista reservada.
¿Quiénes son los candidatos?
En teoría, cualquier abogado con cierta experiencia puede postularse. En la práctica, los aspirantes provienen de tres grandes sectores:
- Burócratas del sistema judicial en busca de ascenso
- Abogados ligados a grupos políticos o sindicales
- Operadores jurídicos de redes clientelares
El perfil técnico y ético pasa a segundo plano. No hay campaña abierta, pero sí promoción velada y presión interna, sobre todo en estados como Chiapas, Veracruz y Quintana Roo.
La participación ciudadana, en riesgo total
Desinterés generalizado
Nadie fuera de los círculos políticos muestra interés en la elección. En estados como Yucatán o Campeche, la cobertura mediática es escasa, y en las calles, la gente no sabe siquiera que habrá que votar por jueces.
Un sondeo realizado por el Observatorio Electoral Nacional indica que el 72% de los mexicanos no tiene claro qué se votará en la elección judicial. En el sur del país, la cifra se eleva al 80%.
¿Por qué no hay campaña?
El INE tiene prohibido difundir propaganda de los aspirantes, quienes tampoco pueden hacer campaña pública. La paradoja es grotesca: una elección sin debate, sin propuestas, sin contacto con el electorado.
Además, la prohibición abre la puerta a métodos de promoción ilegales, como redes de clientelismo o financiamiento ilícito de grupos del crimen organizado.
Crimen organizado y captura del poder judicial
Riesgo real de cooptación
Organizaciones civiles como México Evalúa y Causa en Común han advertido sobre el alto riesgo de captura del sistema judicial por parte de actores criminales, particularmente en estados con fuerte presencia de cárteles.
“Esta elección abre un portón a la infiltración del narco en los tribunales”, señala un informe conjunto de ambas organizaciones.
La falta de fiscalización efectiva, las lagunas legales y el diseño de boletas permiten que grupos con recursos financien a candidatos sin dejar huella.
El INE, entre la espada y la simulación
El Instituto Nacional Electoral sigue adelante como si se tratara de una elección convencional. Cumple con la ley, pero a regañadientes. Consejeros como Ravel han intentado matizar su participación, pero el tono es de resignación.
“Cumplimos porque nos lo exige la ley, no porque estemos de acuerdo”, dijo en privado un alto funcionario del INE, bajo condición de anonimato.
Las ministras en campaña: una violación impune
Intervención abierta desde el Poder Judicial
Tres ministras de la Suprema Corte han hecho campaña abierta a favor del modelo, en violación directa de la ley. Desde foros, universidades y entrevistas, promueven la participación, legitiman la elección y atacan a quienes la critican.
El silencio cómplice del Tribunal Electoral
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha ignorado estas violaciones. A decir de expertos, ya opera bajo línea del Ejecutivo. Lo mismo sucede con la fiscalización de gastos y la revisión de procedimientos.
¿Dónde quedó la educación cívica?
Del civismo al cinismo
Una de las funciones más valiosas del INE siempre fue la pedagogía democrática. Hoy, esa misión se ve desfigurada. Las boletas judiciales no enseñan, no informan, no acercan. Al contrario: alejan, confunden, frustran.
La ciudadanía queda abandonada. El resultado será una altísima tasa de votos nulos o abstención masiva, lo que pondrá en duda la legitimidad de los futuros jueces electos.
La renuncia que nunca llegó
Muchos esperaban que los consejeros del INE mostraran una postura firme: una carta, una renuncia, una advertencia. Nada ocurrió. Nadie dimitió. La estructura institucional prefirió preservar su lugar que denunciar el simulacro.
¿Y ahora qué? Las consecuencias de una mala idea
Un precedente nefasto
Elegir jueces por voto popular, sin información ni competencia real, abre la puerta a múltiples peligros:
- Judicialización sin técnica
- Jueces electos por popularidad, no capacidad
- Riesgo de decisiones arbitrarias
- Vulnerabilidad frente al crimen organizado
Lo que está en juego
Más allá de esta elección, lo que se pierde es el espíritu republicano. La independencia judicial no es solo un principio abstracto: es el contrapeso real frente al abuso del poder.
La elección judicial es una farsa con apariencia democrática. Las boletas no informan, los candidatos no debaten, la ciudadanía no participa. Y mientras tanto, el poder avanza en su afán de controlar a los jueces, enterrando de paso la educación cívica y el respeto por las instituciones autónomas.
El futuro del país se juega también en los tribunales. Si estos dejan de ser independientes, la justicia será solo otro brazo del poder político o del crimen organizado.