Siria se ha convertido nuevamente en el centro de una compleja escalada militar. Tras la caída de su antiguo régimen, el país enfrenta una doble amenaza: por un lado, la reactivación del Estado Islámico (ISIS) que provocó la «Operación Ojo de Halcón» de Estados Unidos, y por el otro, combates internos feroces en Alepo.
El regreso de las represalias: estados Unidos ataca a ISIS
Estados Unidos y fuerzas aliadas lanzaron una serie de ataques “a gran escala” contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), también llamado ISIS, en Siria. Estos bombardeos, confirmados por el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) el sábado 10 de enero de 2026, representan una nueva y contundente represalia.
La ofensiva, que contó con el apoyo de «fuerzas aliadas», ocurrió a las 12:30 horas del este de Estados Unidos (17:30 GMT) contra «múltiples objetivos» a lo largo de Siria. Según el Centcom, el propósito declarado es:
- Erradicar el terrorismo islámico contra sus combatientes.
- Prevenir futuros ataques.
- Proteger a las fuerzas estadounidenses y asociadas en la región.
Operación ojo de halcón: la respuesta directa de Donald Trump
Los bombardeos formaron parte de la Operación Hawkeye (u Operación Ojo de Halcón), lanzada como respuesta directa a un ataque mortal contra fuerzas de Estados Unidos y Siria en Palmira.
La operación fue ordenada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 19 de diciembre, una semana después del incidente fatal. El ataque, perpetrado por un atacante solitario del EI el 13 de diciembre en Palmira, un sitio arqueológico histórico, resultó en la muerte de:
- Dos soldados estadounidenses.
- Un intérprete civil estadounidense.
El Centcom advirtió que su mensaje sigue siendo fuerte: «Si hieres a nuestros combatientes, te encontraremos y mataremos en cualquier parte del mundo, no importa qué tan fuerte intentes evadir la justicia».
Es crucial señalar que el ataque contra ciudadanos estadounidenses en Palmira fue el primer incidente de este tipo desde el derrocamiento del líder sirio Bashar al Asad, ocurrido en diciembre de 2024.
Además de la ofensiva del 10 de enero de 2026, Estados Unidos y Jordania ya habían llevado a cabo una ronda previa de bombardeos el mes pasado como parte de la misma operación, en la que fueron alcanzados alrededor de 70 objetivos vinculados al grupo yihadista.
Desde la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca, hace un año, Estados Unidos ha realizado acciones militares en seis países: Yemen, Somalia, Irán, Nigeria, Siria y Venezuela. Combatir el terrorismo yihadista y el narcotráfico han sido los principales argumentos de su administración para estos ataques selectivos con aviones o drones.
Aunque el EI fue derrotado territorialmente por fuerzas locales con apoyo de bombardeos internacionales, aún mantiene una presencia significativa en Siria, especialmente en las zonas desérticas. El personal estadounidense en la región apoya la operación Inherent Resolve, una coalición internacional creada para combatir al Estado Islámico.
El conflicto interno: la evacuación de fuerzas kurdas en Alepo
Simultáneamente a la ofensiva internacional, el norte de Siria ha sido sacudido por combates internos de alta intensidad. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dirigidas por kurdos, anunciaron el domingo 11 de enero de 2026 la evacuación de sus combatientes de los dos distritos donde estaban atrincherados en la ciudad norteña de Alepo.
Los enfrentamientos se dieron contra las fuerzas gubernamentales y son los más violentos en Alepo desde la caída de Bashar al Asad en diciembre de 2024. Estos combates estallaron mientras las partes tienen dificultades para aplicar un acuerdo alcanzado en marzo para integrar las instituciones de la administración autónoma kurda y las FDS en el nuevo Estado.
Un acuerdo mediado y una crisis humanitaria
Las FDS confirmaron la evacuación de combatientes, heridos, civiles atrapados y mártires de los barrios de Ashrafieh y Sheij Maqsud hacia el norte y este de Siria. El acuerdo de alto el fuego, según las FDS, se alcanzó «gracias a la mediación de partes internacionales». La agencia oficial siria SANA confirmó la salida del último grupo de miembros de la organización FDS del barrio de Sheij Maqsud.
La intensidad de los enfrentamientos generó una grave crisis humanitaria:
- Al menos 21 civiles murieron desde el martes, según fuentes de ambos bandos.
- Alrededor de 155,000 personas fueron desplazadas, en su mayoría habitantes de los barrios kurdos.
Horas antes, Estados Unidos había instado al gobierno sirio y a las fuerzas kurdas a retomar el diálogo. El emisario estadounidense, Tom Barrack, llamó a la «moderación» y exigió el cese de las hostilidades tras reunirse con el presidente sirio Ahmed al Sharaa en Damasco.
El ejército sirio anunció el cese de todas las operaciones militares en Sheij Maqsud, tras tomar el control de Ashrafieh. Las FDS, respaldadas por Washington (que también apoya a Ahmed al Sharaa), inicialmente rechazaron cualquier rendición cuando Damasco llamó a las fuerzas kurdas a abandonar la ciudad.
El viernes, al igual que en días anteriores, el ejército permitió a los civiles utilizar dos «corredores humanitarios» para salir de los barrios kurdos.
Escalada regional
La Unión Europea lanzó un llamado dirigido a «todas las partes» para que «retomen urgentemente el diálogo político». Los combates han hecho temer una escalada regional, pues Turquía se dijo dispuesta a intervenir junto a las fuerzas sirias, en tanto Israel tomó partido por los kurdos.
La superposición de conflictos, desde la represalia estadounidense por la amenaza yihadista hasta la lucha por la integración política de las FDS bajo el nuevo gobierno de Ahmed al Sharaa, subraya la profunda inestabilidad que Siria heredó tras la caída de Bashar al Asad en 2024. Mientras el Centcom busca erradicar el terrorismo en las zonas desérticas, la mediación internacional se vuelve indispensable para evitar que la tensión en Alepo desate una crisis regional mayor, en un tablero donde Turquía e Israel ya han mostrado sus intereses.









