Black River, Jamaica, un lugar antes sinónimo de paraíso tropical, ha sido arrasado. Tras el paso del huracán Melissa, la ciudad costera es ahora descrita por sus residentes como «un infierno en la Tierra». La devastación es total: escombros y lodo cubren la zona mientras los sobrevivientes enfrentan una crisis de refugio y suministros.
La anatomía de la destrucción: Black River bajo el huracán Melissa
La localidad de Black River, en St. Elizabeth, Jamaica, fue una de las comunidades más afectadas por el devastador impacto del huracán Melissa. El ciclón provocó una marejada que alcanzó hasta cinco metros de altura, inundando gran parte de la zona mientras avanzaba.
Muchas de las estructuras que daban vida a la ciudad han desaparecido: las coloridas casas, los edificios históricos y la abundante vegetación quedaron reducidos a escombros que se extienden sobre el suelo lodoso. Un hombre de una localidad cercana resumió el cambio dramático: «Era una ciudad tranquila y apacible», pero ahora, «es un infierno en la Tierra».
Las calles angostas de Black River están intransitables, llenas de láminas de metal, bloques de concreto y desechos arrastrados por el agua. Mientras se escucha «gritos de angustia», los habitantes intentan localizar a sus seres queridos o evaluar los daños, dificultados por el intenso calor y la humedad.
Las víctimas y el impacto en la población
El huracán Melissa no solo destruyó infraestructura, sino que también cobró vidas. El superintendente de policía de St. Elizabeth, Coleridge Minto, informó que al menos dos personas murieron en la localidad. Sus cuerpos fueron hallados flotando en el agua tras el paso del ciclón.
Cientos de sobrevivientes deambulan por las calles en estado de choque. La pérdida material ha sido absoluta para muchos. Britney Samms, residente del distrito Vineyard de Black River, relató a CNN la magnitud de su tragedia personal. Samms, sentada junto a otros residentes al lado de carritos de supermercado con sus únicas pertenencias restantes, declaró:
- «Vivimos en una casa de madera. Todo se perdió: roperos, estufa, todo».
- «No tenemos dónde quedarnos».
En la zona había un campamento improvisado para aquellos que resistieron el huracán, pero «nada quedó en pie», evidenciando la ferocidad del meteoro.

La ayuda bloqueada y la desesperación en las calles
El alcalde Richard Solomon calificó la situación en Black River como devastadora. Solomon señaló que «catastrófico es un término suave para lo que estamos viendo aquí». El edil agregó que la propia fuerza del ciclón destruyó los suministros de ayuda que habían sido preparados y dejó inoperativos los vehículos de emergencia debido a los daños causados por el agua, lo que ha retrasado gravemente la entrega de asistencia.
La llegada de ayuda externa, incluyendo equipos de emergencia y fuerzas de defensa que están llegando poco a poco para brindar apoyo, se ha visto complicada. Muchas carreteras siguen bloqueadas por escombros, árboles caídos e inundaciones.
Supervivencia o saqueo: la crisis alimentaria
Ante la desesperación, la supervivencia ha llevado a los residentes a tomar medidas extremas. Decenas de personas vaciaron los estantes de un supermercado dañado, llevándose alimentos y agua.
Un residente, sin embargo, rechazó la etiqueta de «saqueo» al hablar con CNN. Explicó que «no es saqueo», sino una «cuestión de sobrevivir». Este residente detalló que la policía se encontraba en el lugar no con la intención de detenerlos, sino para ayudar en la situación de emergencia. Un helicóptero logró llegar el jueves para dejar suministros médicos, mientras los residentes observaban su partida.
Los habitantes consideran que la ayuda no está llegando con la suficiente rapidez. Una mujer identificada como Anyaleepy hizo un llamado desesperado, enfatizando que la necesidad va más allá de su propia familia: «Necesito refugio, comida y ropa para mis hijos. Y no solo para mí, sino para todos los que puedan ayudarnos. Jamaica necesita ayuda. Nos estamos quedando sin recursos».
La pregunta que queda en el aire para los habitantes de Black River es la misma que enfrentan cientos de comunidades tras la furia de la naturaleza: ¿Cómo se reconstruye la vida cuando la devastación es tan absoluta que incluso la ayuda de emergencia inicial es consumida por el propio desastre?








