El fuego interno de Morena: Layda Sansores arremete contra Ricardo Monreal

Layda Sansores y Ricardo Monreal protagonizan un ríspido enfrentamiento. Analizamos el contexto de la crisis de Campeche y cómo afecta a Claudia Sheinbaum y la unidad de Morena.
El fuego interno de Morena: Layda Sansores arremete contra Ricardo Monreal

El conflicto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo en Campeche ha escalado al nivel federal, poniendo al descubierto la profunda fractura que atraviesa el partido Morena. El enfrentamiento directo entre la gobernadora Layda Sansores y el diputado Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) en la Cámara de Diputados, no es solo una disputa territorial, sino una señal de alerta sobre la falta de unidad antes de un crucial proceso electoral, con implicaciones directas para la imagen de Claudia Sheinbaum.

La confrontación inició cuando la gobernadora morenista Layda Sansores exhortó públicamente a Ricardo Monreal a «no intervenir en los asuntos de su estado» y, en su lugar, le sugirió «cuidar su chiquero», utilizando el programa Martes del Jaguar como plataforma para su crítica contundente. Monreal, por su parte, había advertido que la creciente inestabilidad en Campeche estaba afectando seriamente la imagen de la Cuarta Transformación.

El origen de la crisis en Campeche: pleitos por el legislativo

La tensión en el estado tiene su raíz en la fricción entre el poder Ejecutivo local, representado por Sansores, y el Poder Legislativo.

Desde el 1 de febrero, la gobernadora fue señalada por presuntamente intentar arrestar al diputado Antonio Jiménez Gutiérrez, quien preside la Junta de Gobierno y Administración del Congreso del Estado de Campeche. Simpatizantes de Jiménez indicaron que esta acción se debía a que él perdió la Mesa Directiva del Poder Legislativo frente a Movimiento Ciudadano (MC).

Además, una versión citada por 10 legisladores opositores de la 4T acusó que existió presión para la aprobación de un empréstito. Sobre esto, Layda Sansores enfatizó que no es verdad, alegando que el día de la aprobación se reunió con los representantes de Morena, y que «Todos nos juntamos a las 3 de la mañana aquí en la oficina y nos dimos el abrazo».

Acusaciones cruzadas: del «chiquero» al nepotismo

El enfrentamiento verbal entre la gobernadora y el presidente de la Jucopo rápidamente abandonó el terreno local para enfocarse en señalamientos personales y faccionales, evidenciando agendas distintas dentro del partido.

Layda Sansores no solo pidió a Monreal no meterse donde no le corresponde, sino que también lo acusó de estar protegiendo al dirigente del PRI, Alejandro Moreno, quien además es senador. «Lo exhorto amablemente a que no se meta donde no le corresponde y que primero ponga en orden su chiquero. Tiene mucho trabajo pendiente; por ejemplo, dejar de proteger a ‘Alito’ Moreno, de quien es un amigo muy cercano», arremetió la gobernadora.

Posteriormente, Layda Sansores elevó el tono al solicitar a Monreal que respetara la división de poderes, tal como él le había solicitado a ella. Además, anticipó una advertencia personal:

> «Cálmate Monri, le mandamos un abrazo para que no diga y ya de pasadita que también cuide a su familia porque también se está convirtiendo en un emblema de nepotismo porque ya dijo el otro hermano que quiere ser gobernador», puntualizó Sansores.

Monreal, utilizando la plataforma de la Cámara de Diputados, había señalado previamente que la gobernadora ha caído en:

  • Excesos.
  • Errores.
  • Conductas inadecuadas.

Según el diputado de Zacatecas, estas acciones no solo perjudicarían a Morena en la elección, sino que también podrían afectar directamente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

Monreal busca la unidad y advierte sobre el costo político para Morena

En respuesta a los señalamientos, Ricardo Monreal adoptó una postura de contención y unidad, reconociendo que la situación interna de Morena es ya complicada. El jefe de Morena en la Cámara de Diputados rechazó frontalmente el conflicto, asegurando que no será «un ente que divida a su estado» y que, al contrario, busca «amor y paz» con los habitantes de Campeche.

Monreal fue explícito al reconocer el problema de fondo: «Morena tiene bastantes conflictos internos, como para poder incendiar otro». Su análisis se centra en el daño que estos pleitos causan al movimiento y a la persona que lo encabeza.

> «La división no me interesa. Morena requiere de mucha unidad y cohesión, no de pleitos. Creo que eso no le ayuda a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y no le ayuda al movimiento y no le ayuda al país», comentó.

Monreal reiteró la necesidad de que el proceso venidero inhiba las agresiones entre compañeros del mismo partido. Instó a que Campeche resuelva sus diferencias y a que alguien dentro del movimiento muestre «serenidad, altura de miras, prudencia», porque si no, nadie podrá «cerrar la puerta» del movimiento.

La visión de Monreal sobre las disputas internas por posiciones

El diputado federal alertó que su partido debe poner atención a sus dinámicas internas. Esta reflexión, que menciona también en su libro Morena, historia y perspectivas, se centra en la peligrosa complacencia de los militantes.

Monreal señala que, al ser un partido tan fuerte, hay disputas muy fuertes por las posiciones. Esto se debe a que muchos militantes dan por sentado que, al ser candidatos de Morena, ya serán automáticamente gobernadores, diputados, senadores o regidores, algo que él considera un error.

El líder parlamentario también externó su preocupación por cómo estos escándalos afectan a la presidenta del movimiento, Claudia Sheinbaum. Monreal imagina que cada vez que sucede un escándalo (como la detención de un presidente municipal o los lujos de algunos miembros), ella debe preguntarse por qué existe esa actitud de no observar la doctrina y los principios que Morena sostiene. Argumenta que la primera persona que sufre y resiente estos embates periodísticos es Sheinbaum, quien es la conductora natural del movimiento después de Andrés Manuel López Obrador.

Lo que realmente importa aquí no es la diatriba personal, sino el patrón que estos choques revelan: una estructura política que, pese a su aparente dominio electoral, es incapaz de contener las ambiciones y las luchas de poder internas. ¿Podrá el liderazgo de Morena imponer la disciplina necesaria para enfrentar la contienda electoral o serán estas divisiones internas su principal adversario?

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