El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX de Bad Bunny como «absolutamente terrible» y «uno de los peores de la historia», argumentando que constituía una «afrenta a la grandeza de Estados Unidos». La reacción del presidente, emitida el 8 de febrero de 2026 a través de sus redes sociales, se desató tras la protesta pacífica de Bad Bunny, donde el cantante puertorriqueño desplegó banderas de todo el continente americano, declarando que «America es para todos los que viven en este continente, no solo Estados Unidos».
El reclamo de Trump no se limitó al matiz político. Su crítica fue multifacética, desestimando la presentación por no representar los «estándares de éxito, creatividad ni excelencia» del país, señalando específicamente que el baile era «repugnante, especialmente para los niños pequeños» y que la lírica del artista era incomprensible. El evento generó un notable contraste, pues Trump había comentado previamente la importancia del Super Bowl por celebrarse en el marco de los 250 años de la independencia de Estados Unidos.
El choque cultural en el Super Bowl LX
La presentación de Bad Bunny, descrita como una «fiesta puertorriqueña», acaparó la atención del presidente de Estados Unidos, quien previamente había asegurado que no vería el evento. La decisión de Trump de comentar públicamente sobre el show demostró la magnitud del impacto cultural y político que buscaba el artista, a pesar de que la celebración inicial del Super Bowl se enfocaba en la conmemoración de la independencia del país.
La protesta pacífica, que utilizó la vitrina global del Super Bowl LX para lanzar un mensaje de inclusión continental, fue el detonante directo del desagrado presidencial. El uso de todas las banderas del continente americano desmanteló la narrativa de la celebración de los 250 años de la independencia de Estados Unidos, transformando un evento deportivo en una plataforma para el debate sobre la identidad y el significado de la palabra «América».
La crítica política y la afrenta a los valores nacionales
Donald Trump enmarcó su rechazo al espectáculo como un insulto directo a los valores del país. Su mensaje en redes sociales no solo atacó la calidad artística del evento, sino que lo utilizó para reforzar su propia agenda política y económica.
El presidente enmarcó la presentación de Bad Bunny como una «simple palmada en la cara para nuestro país,» contrastándola con los logros económicos de su gestión, mencionando que Estados Unidos estaba estableciendo «nuevos estándares y récords cada día, ¡incluyendo los mejores mercados de valores y planes 401(k) de la historia!».
Trump también dirigió su enojo hacia los medios de comunicación, afirmando que, aunque recibiera «excelentes críticas de los medios de comunicación falsos,» ellos «no tienen ni idea de lo que ocurre en el mundo real.»
Reacción detallada de Donald Trump: Lista de verificación de críticas
El análisis de la declaración emitida por el presidente de Estados Unidos el 08.02.2026 revela un patrón claro de objeciones que abarcan desde lo estético hasta lo regulatorio.
El triple ataque: Política, estética y la regla de patada inicial
Un matiz clave de la reacción de Trump es su capacidad para enlazar la crítica cultural con un punto de política deportiva no relacionado. Tras despotricar contra la protesta de Bad Bunny y su coreografía, cerró su comunicado con una petición a la Liga Nacional de Fútbol (NFL): «Y, por cierto, la NFL debería reemplazar de inmediato su ridícula nueva Regla de Patada Inicial.»
Esta doble jugada discursiva, que mezcla el llamado a «HAGAMOS A AMÉRICA GRANDE DE NUEVO» con una intervención directa sobre el reglamento deportivo, demuestra la intención del presidente de utilizar el espectáculo de medio tiempo como una herramienta para manifestar desagrado en todos los niveles, desde la cultura popular hasta la gestión de la liga.
Mientras los medios comentaban positivamente el espectáculo que contó con invitados de lujo como Pedro Pascal y Karol G, Trump insistió en que el mundo debería darse cuenta de su postura, reafirmando que no había «nada inspirador en este desastre de espectáculo de medio tiempo.»









