Leslie Gordillo/CARIBE PENINSULAR
CANCÚN.- Hasta hace unos meses, Lourdes Ramos, quien vive muy cerca de prolongación La Luna, utilizaba la avenida Huayacán como una alternativa ante el caótico tráfico del sur de la ciudad, en las salidas hacia Playa del Carmen, el Aeropuerto Internacional de Cancún y Chetumal.
Incluso para evitar el caos del bulevar Luis Donaldo Colosio o para llegar más rápido, evitar Las Torres o prolongación La Luna.
Sin embargo, ahora es todo lo contrario, es un auténtico dolor de cabeza para Lourdes, que como miles de cancunenses, no tienen otra opción, más que enfrentarse a una avenida parchada, saturada y que no estaba preparada para tanta carga vehicular.


Hace una década cuando la Huayacán estaba «muy sola», Lourdes prefería dirigirse hacia Las Torres, aunque eso implicara tener que atravesar todo el tráfico de la Colosio y así salir hacia la Riviera Maya, en donde trabaja.
Cuando comenzó a crecer la actividad económica en la Huayacán, se convirtió en una excelente opción para salir más rápido, algunas veces tomando alguna avenida de conexión como Colegios, Los Olivos y más reciente la Rogelio Castorena, evitando varios kilómetros del bulevar Colosio.
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Con la remodelación de la Colosio manejar por toda la Huayacán hasta la carretera 180 se convirtió en la opción ideal, conectando así directamente hasta la carretera 307.
Y el anuncio de «la nueva Chac Mool» sin duda fue un respiro para quienes viven en toda la zona sur de Cancún, sin embargo, en muy poco tiempo esa «esperanza» de mejora vial, convirtieron avenidas como Fonatur, la 135 y por supuesto la Huayacán, en nuevos embudos que en horas pico parecen intransitables.


Lourdes tardaba entre 10 y 15 minutos para salir desde prolongación La Luna a la carretera 307, hoy el promedio es de 30 minutos, pero si algún accidente vehicular se atraviesa, el tiempo puede extenderse.
Y es que no solamente son los automovilistas que vienen de zonas como La Luna, Las Torres y la 135 los que circulan por la Huayacán, sino las miles de familias que han llegado a nuevos fraccionamientos a lo largo de esta vialidad, que siguen sumando casas y edificios con decenas de departamentos todos los días y que seguirán contribuyendo a un parque vehicular en dos carriles por cada sentido, sin planes viales para un corto o mediano plazo que puedan resolver el problema.
Hoy, Lourdes se ve obligada a extender cada vez más sus horas fuera de casa. Sus trayectos se alargan entre nuevos semáforos y fraccionamientos que brotan al paso, mientras asume, con resignación, que cada día implica más tiempo al volante y menos horas para sí misma y su familia.









