
El Día de la Liberación: cuando la economía mexicana entra a territorio desconocido
Desde las primeras horas de este lunes, entraron en vigor los polémicos aranceles impulsados por Donald Trump como parte de su llamado Día de la Liberación, una estrategia con la que pretende reindustrializar Estados Unidos y reducir su dependencia de productos extranjeros. Sin embargo, para México, esta medida abre un escenario de incertidumbre económica y geopolítica, en el que las relaciones bilaterales se tensan, el comercio se sacude, y los riesgos para el sur del país, especialmente la zona manufacturera del sureste y la frontera, se multiplican.
¿Qué es el Día de la Liberación y por qué afecta a México?
Una nueva visión proteccionista de Trump
El Día de la Liberación no es una efeméride oficial, sino una narrativa ideológica acuñada por Trump para justificar un nuevo ciclo de políticas arancelarias radicales. Su objetivo declarado es claro: “liberar” a Estados Unidos de la dependencia económica con China, México y otros países que considera responsables de la desindustrialización de su país.
En esta cruzada, México ocupa un lugar clave. Al igual que China, somos una potencia manufacturera integrada profundamente al aparato productivo estadounidense. Y por ello, los aranceles no son solo un golpe comercial: son una declaración de guerra económica.
Diferencias con la guerra comercial de 2018
En 2018, Trump impuso aranceles al acero, aluminio y otros productos estratégicos, con el argumento de proteger la seguridad nacional. México, Canadá y la Unión Europea respondieron con medidas equivalentes. La tensión escaló pero no rompió. Hoy, sin embargo, el enfoque ha cambiado: los aranceles no se justifican en seguridad nacional ni migración. Son parte de una reconfiguración estructural del comercio internacional bajo una lógica populista y electoral.
México: entre la vulnerabilidad comercial y el silencio institucional
Dependencia exportadora y riesgo sistémico
México depende en más del 80% de sus exportaciones del mercado estadounidense. El TMEC, heredero del TLCAN, consolidó esta relación. Pero con la imposición de aranceles generalizados, sectores clave como el automotriz, electrónico y agrícola quedan expuestos a una pérdida de competitividad inmediata.
“Esto puede ser devastador para la economía mexicana si no se reacciona a tiempo”, advierte Luis de la Calle, ex negociador del TLCAN. “Hay que recordar que nuestro país es un engranaje esencial en las cadenas de valor de América del Norte. Si se rompe ese flujo, el impacto será profundo, particularmente en regiones como el Bajío y el sureste emergente.”
El impacto silencioso en el sur de México
En los últimos años, el gobierno mexicano ha apostado por convertir al sureste en un nuevo polo de desarrollo industrial. Proyectos como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec o el Tren Maya buscan atraer inversiones en manufactura y logística.
Pero este modelo se sostiene, en gran medida, por el acceso preferencial al mercado estadounidense. Si los aranceles elevan los costos de exportación, las inversiones podrían frenarse o incluso desviarse hacia otras regiones. La promesa de un “nuevo sureste” corre el riesgo de convertirse en un espejismo.
Efectos inmediatos: inflación, empleo y presión política
¿Quién paga los aranceles? El consumidor estadounidense (y el mexicano también)
A diferencia del discurso populista que señala a China o México como los afectados, la evidencia histórica muestra que los aranceles son un impuesto disfrazado para el consumidor. En 2018, los aranceles a productos chinos elevaron el costo de vida en EE.UU., sin lograr grandes retornos industriales.
Moody’s Analytics proyecta que una tarifa universal del 20% con represalias internacionales podría destruir hasta 5.5 millones de empleos en EE.UU. y empujar su tasa de desempleo al 7%. En México, el efecto sería más directo: caída en la demanda, aumento de desempleo en sectores exportadores y un golpe al tipo de cambio.
“Estamos hablando de un riesgo sistémico, no de una simple disputa comercial”, señala Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base. “México necesita preparar una respuesta coordinada, porque el impacto se sentirá desde Ciudad Juárez hasta Mérida.”
Reacción política: ¿y el gobierno mexicano?
Hasta ahora, la reacción oficial ha sido cautelosa. No hay anuncios de represalias ni una estrategia pública clara. Desde la Secretaría de Economía se habla de diálogo y respeto al TMEC, pero no se descarta recurrir a mecanismos legales de solución de controversias.
La Cancillería mexicana, por su parte, ha evitado confrontaciones. La postura parece ser la de esperar a que Trump modere su retórica, o bien que las elecciones de noviembre en EE.UU. cambien el rumbo. Pero en política exterior, esperar puede ser costoso.
Historia de las guerras arancelarias en Estados Unidos
Seis guerras comerciales, seis fracasos
Desde 1776, EE.UU. ha protagonizado seis grandes ciclos de proteccionismo comercial. Todos terminaron mal:
- 1828: La Tarifa de las Abominaciones hundió la popularidad de John Quincy Adams.
- 1890: La Ley McKinley costó a los republicanos su mayoría en el Congreso.
- 1930: La Smoot-Hawley Tariff agravó la Gran Depresión y llevó a Hoover a perder ante Roosevelt.
- 1971: Nixon impuso aranceles y controles de precios; la inflación se disparó.
- 2002: George W. Bush aplicó aranceles al acero; la OMC falló en contra y tuvo que retirarlos.
- 2018: La guerra con China provocó represalias, inflación y pérdidas electorales a los republicanos.
Trump parece no haber aprendido de estos precedentes. Su insistencia en los aranceles puede costarle políticamente, aunque por ahora le reporta réditos con su base electoral más radical.
Trump, el populismo económico y el mito de la reindustrialización
La obsesión con McKinley y el regreso a un pasado idealizado
Donald Trump ha manifestado su admiración por William McKinley, presidente de fines del siglo XIX, a tal grado que intentó renombrar el Monte Denali como Mount McKinley. La razón: McKinley fue un defensor del proteccionismo, un “Make America Great Again” de su época.
Sin embargo, los contextos son distintos. EE.UU. hoy es una economía terciarizada, con cadenas de suministro globales. Deshacer esas redes implica costos enormes y desventajas competitivas.
“La economía no puede ser tratada como un símbolo ideológico”, afirma Paul Krugman. “Es una máquina de realidades. Romperla para hacer un acto político es suicida.”
¿Qué puede hacer México?
Estrategias de corto y largo plazo
En el corto plazo, México debe activar los mecanismos de defensa del TMEC y coordinarse con Canadá y la Unión Europea. La vía diplomática debe ir acompañada de una estrategia de comunicación clara hacia inversionistas y socios.
En el largo plazo, el país debe diversificar sus mercados y apostar por industrias con alto valor agregado. También urge replantear el modelo exportador basado exclusivamente en maquilas.
¿Y el sur del país?
Para la península de Yucatán y el sureste, la respuesta debe incluir:
- Incentivos fiscales que compensen el golpe arancelario.
- Atracción de inversión asiática que busque relocalización (nearshoring).
- Fortalecimiento del mercado interno y el turismo, que no depende directamente del comercio con EE.UU.
El “Día de la Liberación” podría ser el inicio del colapso
Lo que Trump llama liberación es, en realidad, una forma de encierro económico. Y como ha demostrado la historia, el proteccionismo puede incendiar la economía global sin lograr los objetivos que promete.
Para México, esta nueva etapa representa una oportunidad y una amenaza. Si se responde con inteligencia, puede ser el punto de partida de un modelo más autónomo y resiliente. Pero si se cae en la complacencia o el miedo, el país quedará atrapado en un juego de fuerzas que no controla.
Como en toda guerra, comercial o no, la clave está en prepararse antes del primer disparo.