
¿Nos cobran, les cobramos? El trasfondo político de los nuevos aranceles de Trump
El regreso de los aranceles “recíprocos” revela más un movimiento geopolítico que una política económica coherente. Esta es la historia completa.
El expresidente Donald Trump reavivó esta semana el debate comercial global al anunciar una nueva ronda de aranceles “recíprocos” dirigidos a decenas de países. Pero más allá del titular, el trasfondo revela un uso estratégico del comercio exterior como herramienta política en año electoral.
¿Qué significa realmente “reciprocidad”?
Un cálculo político, no económico
La administración Trump justifica los nuevos aranceles bajo la lógica de la reciprocidad comercial: si otros países cobran impuestos a las exportaciones estadounidenses, EE.UU. hará lo mismo.
Pero el cálculo aplicado no refleja los aranceles reales, sino un índice simplificado basado en el déficit comercial bilateral, sin considerar barreras no arancelarias, tratados vigentes ni contextos regionales.
“Es una fórmula diseñada para castigar a quienes tienen superávit con EE.UU., no para corregir desequilibrios reales”, explicó Joe Brusuelas, economista jefe de RSM.
Aranceles y política exterior
Países como Vietnam, India y China aparecen en la lista negra por “barreras no comerciales” que incluyen subsidios, cuotas o regulaciones sanitarias. Pero estos elementos ya estaban regulados por la OMC.
La narrativa de Trump apunta más a posicionarse como defensor del trabajador estadounidense frente al “enemigo extranjero” en campaña, que a solucionar una emergencia económica.
Impactos globales y consecuencias comerciales
El riesgo de represalias
Diversos expertos advierten que los nuevos aranceles podrían desencadenar respuestas similares de los países afectados. Ya en su primer mandato, Trump inició guerras comerciales con China, la UE y Canadá, afectando cadenas de suministro globales y elevando precios internos.
“Estados Unidos podría terminar compitiendo contra tres cuartas partes del mundo”, alertó John Dove, economista de la Universidad de Troy.
Afectaciones a empresas internacionales
Empresas con operaciones binacionales, como automotrices, tecnológicas o farmacéuticas, podrían enfrentar una oleada de incertidumbre. El alza arancelaria encarece insumos, ralentiza inversiones y rompe contratos. Esto se traduce en inflación y pérdida de empleos, justo lo contrario del discurso oficial.
Más allá de los aranceles: lo que Trump no dice
¿Es malo tener un déficit comercial?
En términos económicos, no necesariamente. Un país puede importar más de lo que exporta y aun así gozar de buena salud financiera. El déficit responde a patrones de consumo, ahorro e inversión. Equiparar este desequilibrio a una amenaza nacional es una simplificación que ignora décadas de evidencia económica.
“Tener déficit con tu supermercado no te hace pobre”, ironizó Dove. “Simplemente estás comprando lo que necesitas”.
Más política que economía
El regreso de los aranceles no busca corregir una balanza comercial injusta, sino construir un discurso de fuerza en tiempos de polarización. La narrativa de “nos roban, les cobramos” vende bien en mítines, pero genera tensiones reales en un mundo interconectado.
El riesgo no es solo económico, sino geopolítico: Trump no está reequilibrando el comercio, está redibujando las líneas de conflicto global.