La oposición en Quintana Roo está en condiciones como estaba en el siglo XX.
Su representación no pasa de plurinominales, en el Congreso del estado y los ayuntamientos. Como si estuviéramos en 1993,
Movimiento Ciudadano, hoy por hoy el principal partido de oposición en nuestro Caribe insiste en el sonsonete: “iremos solos en 2027”.
La “estrategia viene del arriba, de Ciudad de México
Traducido al español claro: abrirle la puerta al carro completo de Morena-Verde.
Ese necio posicionamiento garantiza que la oposición siga siendo un ornamento político: bonito para la vitrina, inútil para la competencia real.
En el Caribe hay voces sensatas que hablan de una alianza opositora como única vía para arrebatar, con suerte, dos o tres municipios. Pero los partidos no se mandan solos: las decisiones se toman en el Altiplano.
Resultado: en estados como Quintana Roo, la democracia partidista es aplastada por el centralismo y por una cultura política anacrónica.
Y así seguimos: haciendo política local con lógica del siglo XVIII… aunque usando redes sociales.









