La madrugada del 3 de enero de 2026 se convirtió en un punto de inflexión continental. Tras el ataque militar lanzado por Estados Unidos contra Venezuela, los líderes de América Latina reaccionaron con una polarización extrema. Mientras algunos mandatarios condenaron la agresión como una violación a la soberanía, otros celebraron abiertamente la anunciada captura de Nicolás Maduro.
El ataque a Venezuela y la polarización continental
La crisis regional se desató en la madrugada del 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos lanzó un ataque militar contra varias instalaciones militares en Venezuela. Los reportes indican que, alrededor de las 2:00 horas locales, se escucharon detonaciones y fue confirmado un ataque con drones en la capital y la costa central:
- El Puerto de La Guaira.
- Fuerte Tiuna, en Caracas.
- La base aérea Francisco de Miranda en La Carlota, Caracas.
Este despliegue militar coincidió con el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de que el líder chavista Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados, noticia que generó reacciones inmediatas y radicalmente opuestas en los gobiernos de la región.
La condena regional: una grave afrenta a la soberanía
La respuesta de los presidentes de izquierda y centro-izquierda fue una condena unánime, catalogando la intervención como una grave violación al derecho internacional y a la soberanía venezolana.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó en su cuenta de X que los bombardeos estadunidenses contra Venezuela «han traspasado una línea inaceptable» y sostuvo que esa agresión representa:
- Una grave afrenta a la soberanía venezolana.
- Un precedente “extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional».
El presidente chileno, Gabriel Boric, expresó la preocupación y condena de su gobierno por las acciones militares de Estados Unidos, llamando a buscar una salida pacífica a la grave crisis que afecta a Venezuela. Boric reafirmó en la red social X que Chile “reafirma su adhesión a principios básicos del Derecho Internacional, como la proscripción del uso de la fuerza, la no intervención, la solución pacífica de las controversias internacionales y la integridad territorial de los Estados”. Agregó que la crisis venezolana “debe resolverse mediante el diálogo, y el apoyo del multilateralismo, y no a través de la violencia ni la injerencia extranjera”.
Otros líderes que se sumaron a la denuncia fueron:
- Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, dijo que el ataque fue un acto de «terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano» y contra América Latina, por lo que pidió una reacción de la comunidad internacional.
- Evo Morales, expresidente de Bolivia, repudió “con total contundencia el bombardeo de Estados Unidos contra Venezuela”, aseverando que es una “brutal agresión imperial que viola su soberanía”.
La respuesta de Colombia: llamado a la ONU y refuerzo fronterizo
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, asumió un rol central en la respuesta diplomática y operativa inmediata. Su gobierno “rechaza la agresión a la soberanía de Venezuela y de América Latina”, insistiendo en que los conflictos internos entre los pueblos “los resuelven los mismos pueblos en paz” porque “ese es el principio de la autodeterminación de los pueblos que es base del sistema de las Naciones Unidas”.
Estrategia diplomática urgente
Petro instó a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y a Naciones Unidas (ONU) a reunirse de inmediato. Señaló que Colombia, al ser miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas desde el 1 de enero, convocará a una reunión de esa instancia para analizar las implicaciones del ataque y establecer su legalidad internacional.
El mandatario colombiano también invitó al pueblo venezolano a encontrar los caminos del diálogo civil y su unidad, reiterando que la paz es el camino y el diálogo es fundamental: «Diálogo y más diálogo es nuestra propuesta».
Medidas de seguridad en la frontera
Ante el potencial caos generado por los bombardeos y la captura de Maduro, el presidente Petro anunció un refuerzo de la seguridad en la frontera terrestre de 2.219 kilómetros que Colombia comparte con Venezuela.
La orden fue el despliegue de la fuerza pública para dos acciones cruciales:
- Asistir a migrantes “en caso de entrada masiva de refugiados” a Colombia.
- Prevenir atentados de grupos armados ilegales.
Respecto al segundo punto, el ministro de Defensa de Colombia, Pedro Sánchez Suárez, anunció un plan específico para prevenir eventuales atentados de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros grupos armados ilegales que delinquen en la zona fronteriza, aprovechando la situación. El ministro indicó que se alertaron y activaron todas las capacidades de la Fuerza Pública para «anticipar y neutralizar cualquier intento de ataque terrorista».
La libertad avanza: la celebración de la derecha regional
En un contraste dramático con la postura condenatoria, los presidentes de derecha de la región celebraron la ofensiva y la noticia de la captura de Nicolás Maduro.
El presidente argentino, Javier Milei, reposteó la noticia de la captura en su cuenta de X y escribió: “La libertad Avanza. Viva la libertad carajo”.
De manera similar, el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, también celebró la detención señalando que: “A todos los criminales narco chavistas les llega su hora. Su estructura terminará de caer en todo el continente”.
La reacción ideológicamente fracturada de América Latina ante esta intervención militar de Estados Unidos subraya un patrón regional persistente: la incapacidad de encontrar un consenso sobre cómo abordar las crisis internas, prefiriendo reafirmar posturas ideológicas antes que articular una política exterior unificada. ¿Representa este evento un nuevo precedente para la injerencia extranjera, o simplemente la confirmación de la profunda grieta política que define al continente?









