La ganadería en Acapulco, Guerrero, enfrenta una crisis sanitaria grave debido a la plaga del gusano barrenador, con el gremio reportando más de 500 cabezas de ganado contagiadas, una cifra que contrasta drásticamente con los 18 casos reconocidos oficialmente por las autoridades. El sector exige ayuda inmediata, capacitación y programas de apoyo a los gobiernos federal, estatal y municipal, señalando que la omisión institucional está elevando los costos de producción y amenazando la estabilidad de los 700 socios que integran la Asociación Ganadera de Acapulco.
Francisco Ricart Rodríguez, presidente de la Asociación Ganadera de Acapulco, denunció el 28 de enero de 2026 que el problema ya se encuentra «encima», advirtiendo que la falta de una estrategia seria y la mala información alrededor de la enfermedad están afectando el consumo de carne en la región, pese a la seguridad alimentaria del producto.
La disparidad de cifras: 18 casos oficiales contra 500 reales
La principal alerta emitida por los productores ganaderos es la brecha entre el reporte oficial y la realidad que maneja la Asociación Ganadera local. Mientras las cifras gubernamentales reconocen apenas 18 casos de gusano barrenador en el municipio, la Asociación documenta más de 500 contagios.
Ricart Rodríguez recriminó que esta falta de reconocimiento oficial demuestra «muy poca preocupación» por parte de las autoridades. El primer caso documentado de la plaga en el puerto se detectó en diciembre pasado, específicamente en la comunidad de Piedra Imán, y desde entonces se ha extendido principalmente a las comunidades de la zona norte del municipio de Acapulco.
Impacto económico y presión sobre el sector
El gusano barrenador impone una carga financiera significativa a los productores. Cada animal infectado representa un costo adicional aproximado de más de mil pesos destinado a los tratamientos y curaciones necesarias. Este gasto extra golpea a un sector ya mermado por la falta de apoyo e insumos.
Además del costo directo de la enfermedad, el presidente de la asociación subrayó que el problema eleva los costos de producción indirectos, ya que requiere pagar más horas hombre para la vigilancia constante del ganado. Si bien Acapulco se sostiene del turismo, el dirigente recordó que la ganadería es la fuente principal de recursos para la zona rural, y que la mayor parte del capital generado por el turismo termina en manos de empresas trasnacionales.
Guerrero es un proveedor clave de becerros para el norte del país, con una exportación anual de 100 mil cabezas destinadas al engorde. La crisis del barrenador agrava la tendencia de disminución del inventario ganadero a nivel nacional.
El origen del problema: La ruta centroamericana y la omisión federal
El agravamiento del gusano barrenador es un problema que se remonta a 2020. Francisco Ricart Rodríguez vinculó el resurgimiento de la plaga a la introducción de ganado proveniente de Centroamérica —principalmente de Honduras, Nicaragua y Guatemala— sin los controles sanitarios adecuados.
El ganadero fue enfático al acusar omisión e insensibilidad por parte del gobierno federal. Señaló que las revisiones médicas realizadas por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) y el gobierno estatal han sido «superficiales», sin proveer ningún insumo básico para combatir la enfermedad.
Aclaración crítica sobre el consumo de carne
Acapulco ha sufrido un impacto negativo en el consumo cárnico debido a la desinformación generada por la alarma sanitaria. Ricart Rodríguez insistió en que el consumo de carne es seguro y que no hay motivo de alarma para la población, pues la enfermedad no se transmite ni entre animales ni a las personas a través del alimento. Especificó que los casos positivos detectados en humanos se han dado exclusivamente en individuos con padecimientos previos.
Estrategias urgentes para la mitigación y contención
Los ganaderos de Acapulco exigieron al gobierno federal una estrategia de combate seria, basada en protocolos comprobados y apoyo económico directo. La asociación demandó la implementación de medidas como la liberación de moscas estériles, capacitación para los socios y un programa de apoyo financiero que resarza los gastos ya efectuados por los productores para tratamientos y curaciones. Esta intervención es clave para proteger la cadena de exportación y la economía de la zona rural de Guerrero.









