Ahora que se celebraron los 15 años de Morena —como agrupación política—, los expertos refirieron que entre los factores del “éxito” electoral de esta formación es que, en su momento, se dio entrada a todos, pero a todos.
Y entre esos todos, en nuestro Caribe, podríamos ubicar a expriistas, como Juan Carrillo, que no procede solo del PRI, sino de una de las expresiones más funestas de ese partido, que es el borgismo, con el que inició el fin de esa formación en Quintana Roo.
Pero algunos saltaron del barco priista a tiempo. Entre los primeros fue, precisamente, Carrillo. Aunque no se fue directo a Morena, sino al Partido Verde, que, por cierto, fue también socio preferente del PRI en Quintana Roo en los sexenios de Félix González Canto y Roberto Borge.
Al inicio de la 4T, el edil priista se convirtió en operador de esa alianza —cuando el cuatroteísmo tenía muchas carencias— y fue algo así como el tuerto en tierra de ciegos. Ahora no solo es diputado federal y reelecto, sino también delegado de la dirigencia nacional del PVEM.
Juanito, como le dicen sus amigos, pasó de detractor —nivel porro— de Andrés Manuel López Obrador hasta convertirse en plañidera de la 4T, como bien se puede observar en su melodramático video, en el que anuncia su intención de volver a ser alcalde, a partir de su registro como coordinador de la Defensa de la Transformación.
Precisamente, Roberto Borge le pagó sus servicios como porro del PRI, y luego de un penoso paso como diputado local —al promover leyes contra la libre manifestación y la libre expresión— ascendió a presidente municipal, y estuvo dos trienios, la segunda mitad del quinquenio de Roberto Borge y la primera del sexenio del expriista Carlos Joaquín, hoy también, por cierto, bajo el manto protector de la 4T como embajador.
Juanito dejó literalmente un ayuntamiento pestilente. El desastre más evidente de su gestión se reflejó en la catástrofe ambiental en la estación de transferencia de la basura. Pero solo fue la punta del iceberg. Poco a poco se fueron acumulando evidencias y pruebas de un desfalco descomunal, que superaría los 250 millones de pesos.
Claro que hay las denuncias, pero estas no caminan.
¿Tendrá algo que ver que el titular de la Fiscalía General del Estado es del Verde?
Pero Juanito es el paradigma del lopezobradorismo, en donde no solo se vale robar, mentir y traicionar, sino que hasta se premia. Sobre todo, robar










