| ALTAVOZ | 52 aniversario: ¿Celebración del autogobierno?

Quintana Roo celebra su cumpleaños oficial. Cumple 52 años como estado “libre y soberano”, aunque en realidad cada año se trata de una especie de fiesta de la clase política local.

Para lo que finalmente hoy es Quintana Roo, hay fechas más relevantes que el 8 de octubre, pero se ha pretendido que esta sea la más importante del estado porque los protagonistas son simplemente los políticos. Ellos la bailan, ellos la cantan y ellos la chiflan, diría un amigo cancunense.

Sin embargo, en esencia, esta conmemoración, en la que Quintana Roo se erigió en estado libre y soberano, es la llegada del autogobierno a una franja de territorio que había sido por casi tres cuartos de siglo “territorio” federal y cuyos jefes políticos y/o gobernadores eran enviados desde la Metrópoli.

El primer gobernador oficial del estado libre y soberano fue un chetumaleño, luego un cozumeleño, y se fueron alternando los nacidos en Quintana Roo, hasta 2016.

Sin embargo, lejos de que Quintana Roo logre consolidar una clase política local, poco a poco ha perdido protagonismo y las fuerzas e intereses del exterior se han convertido en los que dominan y mandan en el estado.

Este 8 de octubre, en realidad, más que celebrar el autogobierno, se estaría dando la resignación ante la realidad política que se ha venido construyendo en la entidad en los últimos cuatro o cinco lustros.

Jorge Emilio

El caso más evidente de este dominio externo es el de Jorge Emilio González Martínez. Finalmente, después de muchos años, de casi dos décadas de intentos, llega y robustece su poder en Quintana Roo a través de una alianza muy firme con fuerzas locales, sobre todo de Cancún, y consolida lo que podría ser su dominio en el estado.

Jorge Emilio es hoy el jefe de la principal fuerza política del estado. Sin embargo, el “Niño Verde” no es el único “foráneo” que parte el queso de “bola” en el Caribe.

En el PAN ocurre lo mismo, con una injerencia directa de la dirigencia nacional, en una relación donde el panismo local solo está de adorno.

Quien parte y reparte en el panismo local es el diputado Ernesto Sánchez. A través suyo, el panismo del Altiplano decide el rumbo que tendrá el PAN a través de su nueva alianza con la ultraderecha de Cancún, Playa del Carmen y Cozumel.

Pero la cosa no queda ahí, en cuanto al dominio externo en las fuerzas políticas locales.

En Movimiento Ciudadano, el centralismo está definiendo que este partido mande al diablo las alianzas y se vaya solo en Quintana Roo. Es una decisión centralista y se aguantan todos los que quieran ser del partido naranja, desde las “Bajas Californias” hasta Quintana Roo y Chiapas.

Este control desde afuera también se observa en los partidos chiquitos. El dirigente estatal del PT es alguien enviado desde Ciudad de México. Pero este tipo de dirigentes enviados es una constante de este instituto político, que ha optado por tener delegados desde los tiempos del tristemente célebre Hernán Villatoro hasta la actualidad.

Quintana Roo tiene muy poco que celebrar de su autogobierno. Más bien, lo que queda es la resignación de una clase política local ante el hecho de que Quintana Roo regresa, en términos políticos, a condiciones de territorio.

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