Después de —por lo menos— desafortunadas declaraciones a medios, inmediatamente después de la “definición” de Quintana Roo, Rafael Marín parece que empieza a reaccionar.
Más de uno de los seguidores del rafismo quedaron decepcionados de lo dicho por el “Fundador”, en el World Trade Center (WTC), con expresiones como: “quedé en tercer lugar”, “empecé tarde”, “me voy a mi negocio”.
Rafael Marín no es muy hábil frente a los medios y la situación no era para menos. Apenas el lunes, las cosas estaban yendo a su favor.
Tras el gazapo del WTC, en la noche, muy noche ya en Cancún, Marín divulgó un comunicado en que daba reversa:
“Nosotros no nos detenemos; aquí nadie baja los brazos. Este movimiento le pertenece a la gente y nuestro compromiso con el pueblo de Quintana Roo sigue intacto”, corrigió.
En realidad, en las encuestas que les fueron presentadas por Citlalli Hernández, había un empate técnico de tres. Y Marín era uno de ellos. Si bien estaba en tercero, no había quedado lejos.
Y ahora vendría la parte dos, tras la “definición”.
Los “rafistas” han puesto sobre la mesa dos municipios importantes. Dos, que no incluyen Isla Mujeres, que se cuece aparte.
También hay posiciones en el Congreso del Estado, incluida una de las presidencias de la Jugocopo, las cuales son por año.
Pero la situación parece ser de mayor dimensión.
Como en 2010
Muchos no aceptan un acuerdo como el de 2010. Entre Félix González Canto, Roberto Borge y Carlos Joaquín, avalado por Beatriz Paredes. El exalcalde de Playa del Carmen obtuvo candidaturas del PRI en casi la mitad de los municipios, algunas de las cuales perdió frente a la oposición, y otras compensaciones, no tan confesables, como notarías.
Hay quienes también insisten en la ruptura.
El principal argumento es que el Morena de Quintana Roo, tras la “definición”, es como “taiwanés”.
Ahora, Rafael Marín está en momentos definitorios. Ser o no ser, y ser aunque sea tantito, casi diría el clásico.









