No era difícil determinar que los primeros cinco coordinadores estatales definidos por Morena —en Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa— fueron los más “fáciles”, ya sea porque en algunos de estos estados domina la oposición, o bien porque los gobernadores tienen todo el control o por características muy particulares.
Pero quedan 12, es decir, las difíciles.
Y la más complicada es Quintana Roo, dicho por propios y extraños.
Hay quien dice que la “definición” de Morena en Quintana Roo está a nivel de guerra civil. Las partes no ceden.
Y mientras arde Troya, más bien Morena-QR, la dirigencia nacional guinda ha optado por estirar la liga.
Parece que le están dando tiempo al tiempo. Jorge Emilio González Martínez, “El Niño Verde”, quiere imponer sus condiciones y hasta ha amenazado con romper.
Pero el rompimiento no necesariamente tiene efecto en Quintana Roo.
En realidad, el PVEM tiene algo así como el 18 por ciento de las preferencias, las cuales pueden aumentar con un segmento de Morena. Pero no le daría.
Sin embargo, la ruptura que sí le “duele” a Morena es la nacional. La alerta está en las encuestas para la Cámara de Diputados, publicadas esta semana, que inicia el proceso electoral federal.
Morena está por debajo del 40 por ciento. Para tener mayoría requiere del Verde y del PT.
Mitofsky le da 33.4 y Buendía & Márquez le da 35. Es decir, para superar al menos el 50 por ciento, requiere de sus actuales aliados verdes y rojos.
Esta ruptura, que afecte la composición de la Cámara de Diputados, es más dolorosa que la que pueda ocurrir en Quintana Roo.
El Niño Verde está haciendo su berrinche, pero tiene las canicas que necesita Morena.











