Sea como sea, la opción de Rafael Marín congrega, básicamente, a los malqueridos dentro y fuera del Bipartito.
Por ello, resulta totalmente natural que el PT tenga de su lado a Marín, quien cuenta, por decirlo de alguna forma, con dos registros para el coordinador de la Defensa de la Transformación: el de Morena y el del partido de la estrellita.
Básicamente, desde 2019, el cuatroteísmo caribeño ha usado al PT para sostener su sobrerrepresentación en el Congreso del estado. El Partido del Trabajo no supera el 4 por ciento de las preferencias en Quintana Roo, pero le sirve a Morena para servirse con la cuchara grande en la legislatura local.
Para que Morena quede rebosando de diputados, los guindas no postulan candidatos en al menos tres de los 15 distritos legislativos locales y «siglan» ahí al PT para obtener una tajada de las «pluris». Por eso, los diputados petistas al final se mueven en la dirección que les indiquen desde la 22 de Enero.
Pero, en 2024, el Bipartito, es decir, el cogobierno de Morena y PVEM, sumó dos terceras partes de los diputados y le dieron un portazo al PT. De los tres años de la Legislatura, dos fueron para Morena y uno para el Verde.
Además, las iniciativas de los diputados del PT, en particular las de Hugo Alday, son desdeñadas y siguen esperando turno en la pila de proyectos de ley de la Jugocopo.
El PT para nada está en la mesa de los grandes, que es acaparada por el Bipartito, donde Morena y Verde se dan tremendos banquetes en el curvato de Punta Estrella.
Pero, los petistas pueden ser como cenicientas.
Los dirigentes petistas del estado ven en Rafael Marín la manera de sobrevivir otros tres años con su 4 por ciento y, en una de esas, hasta terminar de cogobierno y, ahora sí, sentarse otra vez en la mesa de los grandes










