Alejandro Peza/CARIBE PENINSULAR
CHETUMAL.- El coordinador del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), con sede en el Instituto de Geografía de la UNAM, Jorge Prado Molina, informó que para 2026 se esperan 40 millones de toneladas métricas de biomasa de sargazo en el océano Atlántico, aún más que en 2025 por lo que también se estima que se incremente su arribo en Quintana Roo, que el año pasado alcanzó alrededor de 90 mil toneladas.
En la conferencia “Detección de sargazo en el Caribe mexicano utilizando imágenes satelitales”, organizada por el Programa Espacial Universitario, dijo que a partir de 2012 se comenzó a registrar la llegada de grandes cantidades de sargazo a las costas de Quintana Roo, causando un grave problema ambiental sobre todo en arrecifes y pastos marinos, y económico, porque algunos turistas se han alejado de esas playas.
El problema también es de salud, debido a que el sargazo captura arsénico, mercurio y cadmio del océano, y no se puede usar para alimentar animales, y si se deposita en la selva o algún lugar no autorizado, contamina los acuíferos. Y cuando se retira por medios mecánicos, se causa un gran deterioro en las playas.
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En el marco del Seminario Universitario del Espacio, el científico mencionó que en el LANOT se ha abordado el tema de detección de sargazo en los últimos seis años, con la participación de otras instancias.
“Nuestro primer objetivo fue monitorear las manchas de sargazo que arriban a nuestro país, y tratar de evitar que lleguen a los arrecifes y playas”.
El investigador recordó que se han instalado barreras de contención en algunos puntos a lo largo de 90 kilómetros de litoral, pero no han sido suficientes.
“Cuando se descompone, se hunde, y pasa por debajo y termina causando la marea marrón”, explicó en el Auditorio Raúl J. Marsal de la Facultad de Ingeniería.
Explicó que el sargazo, que se origina en el Atlántico, en realidad es un ecosistema en sí mismo.
«Es refugio de peces, crustáceos y tortugas. Su incremento obedece a causas como el calentamiento global y el cambio en las corrientes oceánicas; puede duplicar su volumen en 18 días”.
Comentó que la tecnología satelital ayuda en el monitoreo, y constituye una de las actividades que puede contribuir a resolver el problema. Para abordarlo utilizamos imágenes de libre acceso del satélite Sentinel-2, obtenidas cada cinco días. La zona de estudio incluye la costa de Quintana Roo, hasta Belice, Guatemala y Honduras.
Comentó que para cubrir los intervalos sin imágenes, se utilizan modelos de corrientes oceánicas, de vientos y oleaje para monitorear y predecir el arribo a las costas. De este modo se determina dónde y cuándo llegarán los arribazones al Caribe mexicano.
«A fin de estar seguros de lo que detectamos en las imágenes es necesario verificar lo que ocurre en campo, para ello recurrimos al Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, que tiene una unidad en Puerto Morelos. Se utilizan GPS flotantes para obtener la ubicación y seguimiento, y se usa un espectrorradiómetro para obtener las llamadas firmas espectrales de las algas, y drones para ver qué pasa en los arrecifes», señaló.
Expresó que para desplegar y analizar la información, se desarrolló un visualizador web que permite determinar a qué distancia está, en qué cantidad arriba y dónde va a encallar.
Por ahora se cuenta con un acervo de cuatro mil 700 imágenes de la zona de estudio, con lo que se pueden hacer análisis en retrospectiva.
El investigador, comentó que también se apoya a difundir la ubicación y métodos adecuados de disposición del sargazo en tierra, así como soluciones el problema, como la captura del alga mar adentro para triturarla y que no flote, aunque, reconoció se desconoce qué efectos podría haber.










