Redacción
CANCÚN.- El crecimiento desordenado, ahora combinado con un proceso de gentrificación en la colonia Donceles 28, se ha convertido en una bomba de tiempo que finalmente ha estallado, sin que el Ayuntamiento de Benito Juárez atine a dar respuestas que convenzan a los vecinos.
Un recorrido reciente por la zona confirma lo que sus habitantes llevan meses denunciando: el desarrollo inmobiliario avanza sin orden y en abierta contradicción con los lineamientos de desarrollo urbano de Cancún.
Esta colonia, construida en la década de los ochenta y avalada por el Infonavit como un conjunto de vivienda económica para trabajadores de la naciente industria turística, se asentó sobre una zona de manglar, condición que desde su origen la hacía altamente vulnerable a inundaciones.
Precisamente por ello, el Plan de Desarrollo Urbano de Cancún —desde su creación hace más de 30 años y en sus posteriores actualizaciones— ha sido claro en establecer límites de altura, densidad y tipo de construcción en este polígono. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de lo establecido en el papel.
Te puede interesar: DONCELES 28: Denuncian campaña mediática contra activista por criticar cambios de uso de suelo
Hoy, sobre la avenida Bonampak y en calles interiores de la colonia, se levantan edificios que rompen con su vocación original. El contraste es evidente: viviendas modestas que coexisten con desarrollos verticales impulsados por capital privado, muchos destinados a la renta. Detrás de este cambio hay un patrón claro: compra de casas, demolición y construcción de inmuebles de mayor densidad, en una dinámica más cercana a la especulación que a una planeación ordenada.
Los vecinos no solo cuestionan la transformación urbana, sino también la permisividad de las autoridades. Señalan que el crecimiento se ha acelerado en los últimos años sin claridad sobre la autorización de estos proyectos, pese a las restricciones históricas por tratarse de una zona de manglar.




Las consecuencias ya son visibles. La infraestructura hidráulica comienza a resentir la sobrecarga ante el incremento de habitantes, mientras resurgen problemas que nunca se resolvieron de fondo. Cabe recordar que hace aproximadamente 20 años, con la construcción de Puerto Cancún, los residentes ya advertían afectaciones por inundaciones. Esto derivó en medidas parciales, como la edificación de una barda perimetral para contener el agua, situación que quedó evidenciada tras el paso del huracán “Wilma” en 2005.
Hoy, el problema no solo persiste, sino que se agrava desde el interior de la colonia que también forma parte de la supermanzana 64.
Más población implica mayor demanda de servicios en una zona que, por su naturaleza, tiene límites físicos claros.
A ello se suman conflictos por el uso de espacios comunes. Estacionamientos colectivos y andadores, concebidos para los residentes originales, son ahora utilizados por habitantes de los nuevos edificios, lo que genera tensiones y deteriora la convivencia.
Lo que ocurre en Donceles 28 —cuyo nombre se atribuye a la calle en la Ciudad de México donde se ubicaba la sede nacional del sindicato de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC)— no es un caso aislado, sino el reflejo de una política urbana que, pese a contar con instrumentos de planeación, ha permitido su incumplimiento o, en los últimos años, su flexibilización en favor de intereses particulares.
Tras el paso del huracán “Wilma”, muchos habitantes abandonaron sus viviendas debido a las inundaciones; sin embargo, otros vieron una oportunidad de negocio en una zona estratégicamente ubicada, a pocos minutos de la Zona Hotelera de Cancún, pese a estar asentada a ras de manglar.
Hoy, los vecinos que se han manifestado tanto en la colonia como en el Palacio Municipal plantean una pregunta de fondo: ¿Quién está autorizando, o dejando pasar, construcciones que contravienen los límites establecidos para una zona ambientalmente vulnerable?
(Texto de María-Luisa Vázquez)









