Con la gubernatura prácticamente en el bolsillo, la principal fortaleza de Morena en Quintana Roo no radica solo en una oposición enclenque, casi decorativa en el nuestro Caribe, sino en que no hay posibilidad real de ruptura, aun cuando el resultado termine siendo una imposición descomunal.
Desde la “22 de Enero” se ha encarrilado un proyecto de continuidad que es, en la fachada de color guinda, aunque en realidad responde a un gobierno de coalición entre Morena y el PVEM, y que no surgió en 2022, sino que se gestó desde 2018 y se confirmó en 2019, en la XVI Legislatura.
Este proyecto híbrido tiene como principal figura al ex titular de Sefiplan y hoy senador, Eugenio “Gino” Segura, quien construyó una meteórica carrera política a partir de 2019, cuando el Congreso del estado estaba gobernado por el PVEM.
“Gino” fue perfilado como candidato único, bajo el entendimiento de que en Morena-QR se estarían replicando viejos “valores” priistas: la unidad, la disciplina, la indivisibilidad entre partido y gobierno y, sobre todo, la existencia de un mando plenipotenciario e incuestionable.
Pero no todo en Morena —ni tampoco fuera del partido guinda— estuvo de acuerdo en seguir el proyecto trazado desde la “22 de Enero” de un candidato único.
Híbridos y puros
De manera sostenida comenzó a cobrar fuerza la figura de Rafael Marín, cuyos principales méritos son ser amigo personal de Andrés Manuel López Obrador y fundador de Morena en Quintana Roo.
Con otros liderazgos, como Ricardo Velazco, Yensunni Martínez y hasta José Luis Pech (hoy en Movimiento Ciudadano), Marín construyó prácticamente de la nada a Morena en Quintana Roo, en un contexto en el que el Verde no solo era aliado del PRI, sino parte integral de los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Roberto Borge.
Pese a ser “fundador”, a Rafael Marín le toca el papel de retador frente al proyecto del candidato único, cuyo principal motor es toda la fuerza del Estado.
Las condiciones locales, sin embargo, no parecerían ser favorables para Marín, quien pese a sus méritos como fundador no goza de amplia popularidad en un partido donde las encuestas son la base de la contienda interna.
Mal arreglo
Los conocedores aseguran que a mediados de 2026 ya habrá candidato de Morena en Quintana Roo. El año inicia, además, con un panorama claramente polarizado: por un lado, Eugenio Segura; por el otro, Rafael Marín. Existe, sí, la posibilidad de una candidata, pero por ahora el juego se reduce a “Gino” y “Rafa”, y el morenismo se debate entre esos dos nombres.
Pero, más allá de cuál sea la decisión que salga de Palacio Nacional, no se percibe riesgo de ruptura. No existe siquiera la remota posibilidad de una escisión como la de Carlos Joaquín en 2016 o la de villanuevistas en 2002.
Se ve prácticamente imposible que Rafael Marín tome sus maletas y emigre a otro partido —como el PT o Movimiento Ciudadano—, y el PVEM siempre tendrá margen para negociar un buen arreglo en Quintana Roo, donde ya en tres ayuntamientos prácticamente tiene candidaturas propias.
En Morena, la ropa sucia se lavará en casa y, en el peor de los casos, quedará un mal arreglo, que no necesariamente desembocará en un buen pleito.








