Una noche de explosiones sacudió Caracas, poniendo fin a la era de Nicolás Maduro. El presidente Donald Trump confirmó la captura del líder venezolano y su esposa, Cilia Flores, por la Delta Force, en una operación relámpago sin precedentes en la historia reciente de América Latina. La acción militar, justificada por cargos de narco-terrorismo, desata una crisis de sucesión inmediata, temores de desestabilización y una ola de condenas internacionales.También te puede interesar:
El contexto: meses de presión y el asalto de la Delta Force
El ataque militar estadounidense, confirmado el sábado 3 de enero de 2026, se produjo después de meses de escalada de tensión y una vasta acumulación de fuerzas militares en la región del Caribe. El corresponsal Will Grant señaló que este es el mayor despliegue militar de Estados Unidos en las Américas desde la Guerra Fría.
El contexto militar previo incluía:
- Acumulación de fuerzas: Cerca de 15,000 tropas y 11 buques navales se encontraban en el Mar Caribe a finales de diciembre, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford.
- Ataques marítimos: Más de 30 ataques se habían ejecutado contra presuntas lanchas de narcotráfico, y se habían incautado buques petroleros sancionados, una acción que el gobierno venezolano calificó de «piratería».
- Advertencias de Trump: El presidente Trump había advertido repetidamente que su administración pasaría de los ataques marítimos a los terrestres para combatir a los narcotraficantes que, según él, tenían rutas terrestres «más fáciles».
La operación se concretó cuando el presidente Trump anunció un «ataque a gran escala» contra Venezuela y su líder en una publicación en Truth Social. Autoridades confirmaron a CBS News que Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron capturados por la Delta Force, la unidad de élite de contraterrorismo del ejército estadounidense. El senador republicano Mike Lee de Utah, tras hablar con el secretario de Estado Marco Rubio, indicó que los ataques fueron «desplegados para proteger y defender a quienes ejecutaban la orden de arresto».
Justificación legal y el reclamo de justicia en EE. UU.
La justificación primordial de Washington fue la ejecución de una orden de arresto federal. La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó que Maduro y su esposa habían sido acusados en el Distrito Sur de Nueva York.
Los cargos contra Maduro incluyen:
- Conspiración de narco-terrorismo.
- Conspiración de importación de cocaína.
- Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseerlos «contra los Estados Unidos».
Bondi declaró que la pareja «pronto enfrentará toda la ira de la justicia americana en suelo americano en cortes americanas». El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, secundó esta postura, afirmando que el narcotráfico debía cesar y el petróleo «robado» debía ser devuelto, y que Maduro es «la persona más nueva en descubrir que el presidente Trump cumple lo que dice». Vance recalcó que Maduro no puede «evitar la justicia por tráfico de drogas en Estados Unidos solo porque vive en un palacio en Caracas».
Impacto inmediato en Venezuela y la crisis de sucesión
Tras el anuncio, la incertidumbre y el temor se apoderaron de la capital venezolana.
La parálisis de Caracas
La corresponsal de BBC Mundo en Caracas, Nicole Kolster, reportó «aprehensión en las calles». Si bien hubo un breve estallido de euforia en los balcones del este de Caracas tras el anuncio de la captura, los ciudadanos estaban en gran medida silenciosos, observándose colas en farmacias y supermercados.
El corresponsal de BBC Mundo en Miami, Norberto Paredes, confirmó que la noticia fue un choque. Si bien muchos opositores lo vieron como una «última esperanza» para poner fin a lo que consideran un gobierno dictatorial, muchos comparten el miedo a que la partida de Maduro pueda «desencadenar una desestabilización aún mayor en un país ya azotado por años de crisis».
Ubicaciones de los ataques
El gobierno de Venezuela repudió la «gravísima agresión militar» que, según confirmó BBC Verify y el vocero de la oposición David Smolansky, se centró en instalaciones militares y estratégicas clave:
- Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda (La Carlota): Se observaron penachos de humo y una explosión cerca del aeródromo.
- Puerto La Guaira: El principal conducto de Caracas hacia el Mar Caribe, donde se registraron varios penachos de humo y al menos un incendio.
- Aeropuerto Higuerote: Se reportaron incendios y destellos que podrían indicar explosiones secundarias.
- Fuerte Tiuna: El complejo militar más grande de Caracas. Las agencias de noticias capturaron imágenes de vehículos dañados y se detectaron firmas de calor por satélites de la NASA.
- El Volcán: Mencionado por la oposición como objetivo por su antena de señal.
El gobierno demanda prueba de vida
El gobierno de Maduro reaccionó exigiendo claridad sobre el destino de sus líderes. La vicepresidenta Delcy Rodríguez demandó «prueba de vida inmediata» y la ubicación tanto del presidente Maduro como de Cilia Flores, confirmando que desconocían su paradero.
En respuesta a los ataques, el gobierno declaró un «estado de conmoción externa» (un estado de emergencia) y ordenó la implementación de «todos los planes de defensa nacional». El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, anunció el despliegue inmediato de las fuerzas militares en todo el país, llamando a la resistencia contra «la peor agresión» jamás sufrida, aunque evitó mencionar la captura de Maduro en ese momento.
La incógnita de la sucesión
Si se confirma que Maduro fue retirado, la atención se centra en si el chavismo podría permanecer en el poder y quién tomaría las riendas. Tres figuras clave han surgido:
- Delcy Rodríguez: Vicepresidenta con poder civil y económico.
- Diosdado Cabello: Ministro del Interior, con gran influencia militar.
- Vladimir Padrino López: Ministro de Defensa.
Tanto Cabello como Padrino López poseen influencia significativa sobre el estamento militar, cuyo papel será decisivo. La oposición, liderada por María Corina Machado —ganadora del Premio Nobel de la Paz y que previamente había manifestado su apoyo a la estrategia de «más y más presión» de Trump— y el excandidato Edmundo González, buscará capitalizar la remoción, exigiendo un cambio político real y no solo un cambio de líderes chavistas.
El patrón que revela: condena internacional y el fantasma de Noriega
La acción de Estados Unidos desató reacciones de condena y preocupación alrededor del mundo, al tiempo que resucitó una dolorosa memoria histórica en América Latina.
Reacciones globales polarizadas
Numerosas naciones denunciaron la incursión militar, considerándola una violación flagrante del derecho internacional:
- Condena directa: Los presidentes de Cuba (Miguel Díaz-Canel Bermúdez), Chile (Gabriel Boric) y Colombia (Gustavo Petro) condenaron las acciones militares. Petro, además, anunció el despliegue de fuerzas públicas a lo largo de los más de 2,000 kilómetros de frontera compartida, en previsión de un posible flujo masivo de refugiados.
- Oposición global: Irán y Rusia condenaron el ataque, acusando a Estados Unidos de «agresión armada» y pidiendo una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU.
- Llamados a la calma: La alta diplomática de la Unión Europea, Kaja Kallas, y el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, aunque reconociendo la falta de legitimidad de Maduro o la no participación de su país, respectivamente, pidieron moderación y el respeto estricto al derecho internacional.
- Preocupación interna en EE. UU.: Senadores estadounidenses, como el demócrata Ruben Gallego y el republicano Mike Lee, cuestionaron la legalidad de los ataques «en ausencia de una declaración de guerra o autorización para el uso de la fuerza militar».
La sombra de Manuel Noriega
El corresponsal de asuntos mundiales Joe Inwood destacó que, si bien la extracción de un jefe de Estado por fuerzas especiales no tiene un precedente moderno exacto, la comparación más cercana es la captura del líder panameño Manuel Noriega por Estados Unidos en 1990.
La coincidencia es notable, ya que la captura de Maduro ocurrió exactamente 36 años después del arresto de Noriega, el 3 de enero de 1990. Las similitudes históricas son claras: ambos líderes habían sido acusados de narcotráfico por Estados Unidos, habían mantenido el poder tras elecciones disputadas y la acción militar fue precedida por una significativa acumulación de fuerzas. Sin embargo, la operación de Maduro parece ser «más ambiciosa» por lograr la extracción sin el uso de fuerzas terrestres convencionales a gran escala.
La remoción forzosa de Nicolás Maduro no solo cumple un objetivo largamente buscado por la administración Trump, sino que redefine los límites de la intervención directa en el hemisferio. El destino de Venezuela pende ahora de las figuras del chavismo que quedan al mando y de la presión que la oposición pueda ejercer para garantizar una transición que vaya más allá de la mera captura de Nicolás Maduro. La incógnita final es si este asalto militar desatará la anarquía temida o allanará el camino para la ansiada «libertad» celebrada por la diáspora venezolana en Doral, Florida.








