
El Caribe Mexicano, en la línea de fuego de una tormenta económica global
La política arancelaria de Trump sacude la economía mundial y pone a prueba la resistencia de regiones dependientes del turismo y comercio exterior como el Caribe Mexicano.
La tormenta arancelaria: decisiones unilaterales con efecto dominó
El anuncio que agitó las bolsas y los mercados cambiarios
El reciente anuncio del expresidente Donald Trump sobre nuevas medidas arancelarias, aún sin concretarse en el plano legal, ha despertado preocupación entre economistas globales.
La advertencia de un posible frenazo en la economía estadounidense —con una caída del 2% en lugar del crecimiento proyectado— genera ondas expansivas que ya se sienten en los mercados financieros y en la paridad cambiaria.
La incertidumbre es ahora el principal actor de una obra sin libreto claro.
Juan Luis Bour y el diagnóstico crudo del escenario internacional
El economista Juan Luis Bour fue contundente: “Esto es un temporal con impacto global”. En entrevista con CNN, señaló que las medidas adoptadas por Trump, lejos de representar una liberación económica, podrían convertirse en un hundimiento autoinducido de la economía más poderosa del mundo.
Más allá de la visión global, Bour puso el foco en la vulnerabilidad de las economías periféricas, particularmente las que dependen de la estabilidad del dólar y de flujos constantes de comercio y turismo.
¿Qué implica para México y el Caribe?
El efecto dominó en el tipo de cambio y reservas
Si la economía estadounidense sufre una contracción fuerte, la Reserva Federal podría reducir las tasas de interés. Esto, en consecuencia, depreciaría al dólar. Para países como México, cuya estabilidad macroeconómica depende en buena parte del tipo de cambio, una apreciación del peso podría parecer positiva a corto plazo, pero a largo plazo podría dañar la competitividad exportadora y desincentivar la llegada de turistas extranjeros, especialmente en zonas como Quintana Roo y Yucatán.
Turismo en el Caribe: ¿una nueva fragilidad expuesta?
La industria turística del Caribe Mexicano, desde Cancún hasta Mahahual, vive de la llegada de visitantes estadounidenses. Un debilitamiento económico en EE.UU. implica menor gasto en viajes internacionales, menor ocupación hotelera y, por ende, una caída en divisas.
A esto se suma la posibilidad de encarecimiento en insumos importados, lo cual puede elevar los costos operativos de la industria hotelera y restaurantera.
Economía informal y brechas estructurales: el riesgo es doble
Un temporal que golpea desde abajo
En estados como Quintana Roo, donde más del 60% de la población económicamente activa se emplea en el sector informal, un shock externo de esta magnitud puede significar una pérdida acelerada de empleos y reducción de ingresos familiares. Si el turismo cae, también lo hacen los trabajos informales vinculados al sector: vendedores ambulantes, transportistas, prestadores de servicios turísticos, etc.
El diagnóstico de Bour sobre la necesidad de reformas internas cobra especial relevancia para México: “Necesitamos normalizar nuestra economía y reforzar nuestras reservas”, dijo, en alusión al caso argentino pero aplicable también al contexto mexicano.
Brechas cambiarias e inflación: un déjà vu regional
El espejo latinoamericano: entre cepos y brechas
Bour también habló sobre los riesgos de un “cepo cambiario” estricto, algo que México no ha considerado oficialmente, pero que algunos analistas locales mencionan como una posibilidad en escenarios extremos. La mención a brechas cambiarias históricas en Argentina resuena como advertencia: aceptar un tipo de cambio paralelo elevado puede significar mayor inflación, especulación y desigualdad económica.
En el contexto local, la presión inflacionaria derivada de posibles alzas en precios internacionales afectaría directamente el poder adquisitivo de las clases trabajadoras del sur del país, ya debilitado por la desigualdad estructural.
El Caribe Mexicano ante una economía sin brújula
La política económica unilateral de Donald Trump vuelve a mostrar cómo decisiones tomadas en Washington pueden tener consecuencias en Playa del Carmen, Bacalar o Mérida. El Caribe Mexicano no está aislado: vive del comercio internacional, del dólar fuerte y del turismo estadounidense.
Mientras tanto, la incertidumbre sigue siendo la única certeza, y los gobiernos locales y nacionales deberán anticipar con inteligencia los escenarios posibles, fortaleciendo reservas, diversificando mercados turísticos y fomentando una economía más resiliente.