
Por El Escrutador
“No hay problema: si me eligen como magistrado tendré a mi cargo secretarios, proyectistas, actuarios y demás, que harán frente a las cargas de trabajo, mientras voy agarrando mi patín”.
Este Notable plática con un futuro juzgador, metido a chaleco como candidato, al cual no le importa “ese mientras”, que pueden significar años en los que no habrá de tomar cursos, especializaciones y un sinfín de herramientas con las que sí cuentan los que han desarrollado una carrera judicial.
Ese lapso de tiempo significa la revisión de documentos, promociones, proyectos, estudios y especializaciones, que, seguramente no tiene este “candidato”.
Pero no importa, es claro que no le preocupará aprobar cualquier resolución conforme a las indicaciones de los mandos morenistas o verde ecologistas que lo impulsaron.
Lo más absurdo es que son procedimientos (de una alta complejidad y responsabilidad social) que no entiende, ni entenderá porque es un abogado metido a político, que sabe de las mieles del erario público y demás, que disfrutará.
No importa, también hay abogados electorales que por su cercanía con las élites del poder están en las dichosas listas de los “Comités de Evaluación”.
Claro, también hay los amigos de esas élites del poder.
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Lastima de “comités”, que han tenido que avalar figuras sin ninguna trayectoria en el ámbito judicial, donde debe imperar un alto conocimiento de los procedimientos, normatividad y una ética intachable.
Se dirá que se la tienen ganada los juzgadores corruptos.
Cierto, pero si estaban identificados los focos de corrupción, lo más lógico era hacer una reforma judicial para extirpar el cáncer.
Reforma que hubiera impulsado a los cientos, o tal vez miles de personas que laboran en el poder judicial y que tienen altos conocimientos en la materia que les corresponde (civil, familiar, penal, etc.), y tienen una trayectoria profesional intachable, así como estudios y reconocimientos académicos, pero que no tienen cercanía con el poder.
Lo más paradójico es que la mayoría de esos corruptos juzgadores permanecen en el poder judicial, a lo que se sumarán, ahora, una bola de ineptos, ineficientes e incapaces recomendados del poder, que, en su conjunto, harán trizas lo poco o mucho (según se ve) que se había avanzado en el poder judicial local y federal.
Y con esa cercanía en el poder y esa sagacidad trepadora, seguramente serán los que harán un efectivo “marketing” electoral.
Mientras que los que sí tienen trayectoria judicial y se atrevieron a inscribirse y por casualidad son candidatos, son los desconocidos del “pueblo”, que, a marchas forzadas se están moviendo para “visibilizarse”.
Sumándose las intocables fiscalías federales y locales, con lo cual se tiene un cuadro maravilloso de lo que será, en breve, la procuración e impartición de justicia en este México surrealista que nos tocó vivir… y padecer.